jueves, 18 de enero de 2018

"Shunga". Imágenes de Primavera.


Adentrarse en el arte oriental, y particularmente en el japonés, es conocer nuevas formas de expresión, es experimentar nuevas sensaciones sensoriales, es abrir la mente, es descubrir y entender la fascinación que sobre la sociedad y los artistas de la segunda mitad del S.XIX europeo, ejerció un mundo que hasta ese momento, había permanecido cerrado y aislado, protegiendo unas formas artísticas propias que nada tenían que ver con las occidentales. Formas imbrincadas fuertemente en un sistema de pensamiento que bebía del sintoísmo, con un acercamiento a una filosofía de vida característica, que valoraba la belleza a través del equilibrio de las formas y de la complementariedad de los vacíos y de los llenos, vacíos que tenían significado por sí mismos, ya que no eran ausencia sino el elemento que hacía que percibiésemos los espacios llenos. Junto a ello la importancia de lo transitorio, del hedonismo y de lo fluctuante que se encuentra en la base de una técnica: el ukiyo-e; de la lealtad y del honor encarnada en los Samuráis (siervo) que se regían por un código muy especial: el Bushido, los cuales nacieron como guardianes del territorio nipón; o del erotismo y la sensualidad de las mujeres bellas o Bijin como las Geishas que bailaban y tocaban el samisén y que tan bien reflejará Utamaro en sus obras. Unos valores que tan alejados estaban de los nuestros. 



Cuando en el verano de 1853 el Comodoro Perry llega con su "flota negra" al puerto de Edo, Japón se abre al mundo y el mundo cae rendido a sus pies. La apertura se debió a motivos comerciales y entre los objetos que se importaron se encuentran los artísticos, objetos de todo tipo salieron hacia Europa. Se comienzan a imitar unas formas que se nos antojaban atractivas y diferentes. Los grabados ukiyo-e que revitalizaron artistas como Utamaro, Hokusai o Hiroshige, con sus colores planos y luminosos, con ausencia de sombras y despreocupación de la perspectiva pero con gran presencia de líneas sinuosas, influirán poderosamente en artistas como Claude Monet, Toulouse-Lautrec, Cézanne o Van Gohg. Los temas más tratados en sus orígenes serán los temas mundanos, plasmarán temas de diversión y de los barrios de placer de Edo o el teatro Kabuki. La técnica comenzó a decaer hasta que hacen acto de presencia los artistas anteriormente citados aportando el tema del paisaje que hace que el ukiyo-e vuelva a despegar junto con el de las Bijin. Aunque nos pueda parecer que las Geishas se encuentra en los orígenes del país, éstas realmente surgen en 1750, cuando los Samuráis desaparecen, quedando ellas y los luchadores de Sumo como el único vestigio del pasado de Japón. Éstos guerreros no solo fueron protagonistas de temas bélicos, también de otros eróticos y altamente sexuales que impactaron a la sociedad occidental tanto, que los japoneses comenzaron a rechazarlos. Ésta temática denominada Shunga nos adentra en todo un mundo de prácticas sexuales. Junto a los Samuráis, las Geishas, aristócratas, monjes y personajes de todas las clases sociales se convirtieron en los protagonistas. 



El origen de ésta temática se encuentra en la religión sintoísta, y nada tenía que ver con lo que hoy pensamos al verlas. Igual que las Venus prehistóricas o las representaciones de falos, éstas imágenes tenían que ver más con la fertilidad y la procreación que con el simple disfrute. El dios Do-Sojin que representaba la tierra y el camino tomaba forma de columna sobre la que se esculpía una pareja en actitud erótica. Éstas imágenes comenzaron a ganar gran popularidad y la temática referida a la fertilidad se fue abandonando a favor de mostrar diferentes prácticas relacionadas con el placer y el hedonismo, aunque un vestigio de éste significado quedará anclado en el pasado: la ausencia de la representación de los senos, ni siquiera se les atribuye un adjetivo obsceno para calificarles ya que eran símbolo de la maternidad. El significado de Shunga, va más allá de la simple imagen explícita, ya que existía una particular simbología de la vida y de los hábitos sexuales poniendo de relieve lo expresivo, lo satírico y humorístico. Esto se aprecia en las contorsiones imposibles de los abrazos, los brazos y las piernas se entremezclan en posiciones antinaturales que no nos permite, en ocasiones, saber a quién de los dos amantes o de los participantes pertenece, en la desmesurada proporción de los órganos sexuales y en las difíciles escenografías. Realmente cuando vemos una estampa Shunga, totalmente descontextualizada, lo primero que nos provoca es una sonrisa, por la incongruencia de lo representado y las desporporciones. Haced la prueba, buscad una imagen de ésta temática y observad si vuestras bocas adquieren la forma curvada de una sonrisa!! La finalidad era dar una elegante visión del sexo. Tan elegante que los protagonistas iban vestidos con coloristas y preciosos trajes. ¿Y por qué mientras que en Occidente lo erótico es la desnudez, y asociamos la práctica sexual al desnudo, en Oriente aparecen vestidos? Muy fácil, para ellos la ropa poseía el aura de la persona a la que pertenecía y a través de ella se conocía al portador de la misma. 



En cuanto al simbolismo hay elementos que serán recurrentes y que aportan información, el agua por ejemplo, es símbolo de lo femenino, del yin, así cuando aparece este elemento se intenta ensalzar la unión erótica de la pareja. También asociada a la sexualidad de la mujer y a la primavera aparece la flor del cerezo, el significado lo efímero, la brevedad de la belleza. En muchas de estas estampas aparecen mujeres practicando sexo con animales, no estamos hablando de zoofilia, sino de encuentros fortuitos. Otros objetos habituales serán libros, utensilios de té o tabaco, objetos para escribir... sin ningún significado simbólico como los anteriores, se utilizan para hacer las escenas más verídicas. Escenas que normalmente se representaban en interiores, cuando comienza el desarrollo del paisaje se empieza a abrir puertas y ventanas que nos dejan ver los exteriores uniendo ambos espacios. A diferencia de otros grabados, los de la temática erótica, no se vendían por separado sino que formaban parte de libros que adquirían diferentes formatos. Estos libros, pequeños manuales de sexo, eran comprados por jóvenes varones, sacerdotes o aristócratas y dentro de una caja lacada se guardaban celosamente debajo de la almohada, de ahí que se denominen "libros de almohada", algo obvio. El Shunga no es tan banal como puede parecer, ya que las imágenes se hacían acompañar de un relato, normalmente erótico, escrito por importantes escritores. No solo historias amatorias, también tenían una estrecha relación con la literatura y los sucesos históricos o sociales. Si los textos los realizaban destacados escritores, los grabados los elaboraban artistas de renombre, pero debido a su prohibición y para evitar ser identificados utilizaban un símbolo que les identificaba. 



Como siempre y como en cualquier obra independientemente del género, la época o el lugar, existen diferentes niveles de lectura. El primero nos lo porporciona la imagen, lo que vemos y aquí viene el problema, cuando en la actualidad el espectador se enfrenta a una de éstas imágenes, no sé si por prejuicios, vergüenza o qué motivo hacen que se queden en lo superficial, tachándolo de adjetivos nada agradables. Un segundo nivel de lectura tiene que ver con el lugar que ocupa la lámina en el total, el tercer nivel que va completando la información de la imagen tiene que ver con el texto y por último el análisis de los objetos y elementos antes referidos terminan de completar lo que hemos visto y quizá alguna mente cerrada rechazado en un principio. En los grabados, no vamos a encontrarnos solo parejas, pueden aparecer más participantes o una única persona, así como dos del mismo sexo.



En la actualidad el Hentai y el Anime han venido a sustituir ésta temática histórica. Una temática que desarrolla con técnica fotográfica Nobuyoshi Araki, calificado de pornográfico y misógino por utilizar el bondage japonés y elementos del Shunga. Fotógrafo contemporáneo que hasta hace poco tenía prohibida la entrada en Japón. Aunque sus imágenes pueden parecernos impactantes, debido a lo que en ocasiones he repetido, una fotografía nos conecta con la realidad algo que no hace ni la pintura ni el grabado, artistas como Lady Gaga se han declarado fan incondicional posando para él.



Si tenéis la inmensa suerte de poder ver estos grabados de Shunga, no paséis delante de ellos sin más, no os tapéis los ojos delante de las más explícitas, ni retiréis la mirada, olvidad lo que sabéis, enfrentaos a ellas sin prejuicios, con la mente en blanco, no penséis en el espacio ni en el tiempo, haced que éste quede suspendido, paraos delante y observad con detalle y minuciosidad la técnica y cada uno de los elementos que componen éstas "imágenes de primavera". Y recordad que la primavera, en éste caso, es un eufemismo utilizado para hablar de las relaciones sexuales, del erotismo y del placer. Deteneos, disfrutad y contempladlas como lo haríais ante "La gran ola" de Hokusai, las alabadas "Meninas" del gran Velázquez o el "David" del no menos genial Miguel Ángel. 




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"El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas" (Marcel Duchamp)