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viernes, 2 de noviembre de 2018

Van Gogh, ese loco del pelo rojo.

"Autorretrato pintando", 1887
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh. 

Cuando hablamos de Vincent Van Gogh, creo que siempre lo hacemos desde una perspectiva nada halagüeña. La imagen que de él tenemos va más allá de la de un pintor, la imagen que proyectó Vincent, o al menos es lo que yo veo cuando pienso en su vida, es la de un hombre, un hombre muy carismático pero muy débil a pesar de tener un fuerte carácter. Solo cuando contemplo sus obras veo al Vincent pintor y en ellas, en algunas ocasiones, veo reflejadas sus experiencias vitales, esas, que a todos nos llevan a ser lo que somos. Y digo en ocasiones, ya que su obra no es un canto a la desesperación, como lo fueron las últimas obras de Goya, utilizando una paleta ennegrecida o la de Gutierrez Solana o Darío Regoyos, que proyectaban la desesperación, no de sus vidas, sino de la sociedad, de lo que se dio en llamar la España negra, en paletas de idénticos colores. Podríamos pensar en comparar la obra de los españoles citados con las de la primera etapa del holandés, como sus "Comedores de patatas", en la que nos muestra la dureza de la vida en el campo y el genial artista en el que se está convirtiendo, a pesar de las críticas hacia las figuras y hacia las tonalidades demasiado oscuras, pero estas tonalidades aluden al color que tiene la patata cuando es sacada de la tierra de labranza. Lo que él buscaba y que quizá sus contemporáneos no entendieron, era trasmitir el mensaje de la dura vida rural.



"Los comedores de patatas", 1885
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh. 

En la obra de Van Gogh yo veo un canto a la vida, a la luz, a la libertad del campo o al renacer, a una vida sencilla cargada de trabajo, pero complaciente. Y ese renacer, que puede ser el suyo propio, se muestra en obras como el "Almendro en flor" donde además es muy clara la influencia que sobre él ejerció la estampa japonesa. El deseo de un hombre de sentirse libre de sus ataduras mentales, de su ánimo. Por eso su obra muestra escenas de la vida diaria. En ella abundan los girasoles, como bien sabréis, estos durante el día van girándose buscando la luz y el sol. Así se mostraba nuestro pintor, como un girasol que buscaba la vida, pero que por diferentes motivos se le hacía más difícil encontrar un elemento que le aportase la luz que necesitaba. Seguramente, ese elemento, no era otro que pintar, que reflejar en sus múltiples lienzos lo que tenía delante de sus ojos: los campos y los paisajes urbanos de Arlés, la luz que influyes notablemente en los amarillos, las noches estrelladas o su habitación pero introduciéndoles también en la magia de su propia visión de artista.

"Almendro en flor", 1890
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh. 
Se ha hablado mucho que la paleta cromática que utilizaba reflejaba su estado anímico. Cuando hablamos de estado anímico pensamos en el aspecto más negativo. Van Gogh pasaba de la alegría a la desesperación en poco tiempo, por lo tanto, sus obras, deberían marcar ambos estados, pero ¿realmente lo hacen? Esta idea es válida en muchos pintores e incluso puede serlo en el caso del propio Van Gogh, pero no debemos tomarlo al pie de la letra, hay que tener en cuenta otros condicionantes y uno de ellos sería el cambio que van experimentando las artes a partir de las Vanguardias y como se utiliza a partir de entonces el color. El utilizó, por ejemplo, en muchas de sus obras, los azules, pues bien, quiero que os fijéis en alguna obra de la etapa azul de Picasso y la comparéis con una de Van Gogh y entonces, pensad, si os trasmite lo mismo una y otra. Pero por favor, ya sé que es difícil, abstraeros de lo que sabéis de uno y de otro, solo contemplad las obras. Y si os apetece podéis dejar vuestros comentarios. Quizá la obra más difundida en estas tonalidades, sea "La noche estrellada" (1889). ¿Qué os trasmite este lienzo, tristeza, agitación o calma? ¿Sabéis en que momento pintó esta obra? ¿Dónde se encontraba? ¿Qué pasaría un año después? Los azules nos dan sensación de calma a pesar de ser tonalidades frías, o quizá también por ello. Los colores cálidos como el rojo o los naranjas, en cambio provocan más agitación. Y según sus palabras el rojo y el verde le servían para expresar las "terribles pasiones de la humanidad". El color no es lo que determina su estado de ánimo, o al menos no como elemento final, las pinceladas largas que forman remolinos en el cielo, también tienen mucho que decir, ya que nos pueden hablar de un alma que no encuentra la paz, y es en ellas, a mi juicio, en donde se concentra toda la expresividad. Ambos, el color y la pincelada se necesitan y complementan. Esta fuerza expresiva, de la cual Van Gogh era totalmente consciente, le llevó a decir que muchos pensarían que era una forma de suplir la técnica. Pero en realidad, era tan meticuloso que aprendió la técnica a la perfección, y la aprendió de los mejores, de los grandes maestros holandeses. De Rembrandt y de Frans Hals tomó el gusto por los colores oscuros, de los que más tarde se desaprendería al entrar en contacto con Toulouse- Lautrec o Paul Signac. Es una obra que tiene mucho de evocador y de poético, pero en el sentido más literal. Camille Pissarro, llegó a decir que la inmediatez que parece estar presente en las obras de Van Gogh, no es tan cierta, ya que subyace una profunda elaboración que en algunos casos, como en el que nos ocupa, tenía como fuente de inspiración los poemas de Walt Whitman. Y quizá por la idea de que sus obras reflejan lo inminente pensemos en sus estados anímicos. Esa idea se desmonta cuando hablamos de un trabajo meditado y calculado. Debido a eso y a pesar de que nos pueda parecer un paisaje real, Van Gogh pocas veces pintaba lo que tenía delante, esas visiones las mezclaba con otras provenientes de sus sueños y de su imaginación. Por eso y en esta obra que nos ocupa, se ha hablado mucho sobre el pueblo que se ve. Siguiendo las teorías de la inmediatez, podría ser Saint Rémy, pero según algunas investigaciones el pueblecito que se ve estaría en su invención y la aguja de la iglesia evocaría la de su ciudad natal en los Países Bajos, Zundert. ¿Dónde estaría el antecedente de esta obra? ¿No os recuerda "La vista de Toledo" de el Greco? Por lo imaginativo en la concepción de los lugares que representan. El Greco Pintó Toledo pero alteró el curso del río. Nos dio una visión un tanto fantasmagórica de la ciudad. Lo que ambos están haciendo es anteceder el Expresionismo en el arte.

"La noche estrellada", 1889
Museo de Arte Moderno de Nueva York
Vincent Van Gogh.
Si viajáis a Nueva York, no os olvidéis de visitar el MoMa, allí os estará esperando "La noche estrellada" y como sabéis, nada tiene que ver la explosión del color real con lo que nuestra pantalla nos devuelve. Es entonces, cuando se tiene un lienzo frente a frente, cuando realmente se experimenta sensaciones y sentimientos, por eso es tan importante visitar los diferentes museos. 

"Laboreur dans un champ", 1889
Colección privada
Vincent Van Gogh

Otro color que se convirtió en su preferido, fue el amarillo, recordad de nuevo los girasoles. Para vosotros ¿qué representa esa tonalidad? Seguramente lo primero que nos viene a la mente es el astro rey. El sol es vida, es la alegría de un comienzo, de un nuevo día y de nuevas oportunidades. Quizá cuando Van Gogh utiliza este tono esté lanzando un mensaje implícito, el anhelo de un renacer. Como os decía, a pesar de esa imagen que tenemos de él, disfrutaba de la vida, de lo que veía y así lo dejó escrito en algunas de sus cartas, en ellas no solo se lamentaba de que no vender ni un solo cuadro. En 1888 escribió desde el sur de Francia a Émile Bernard: "¡Oh! Ese hermoso sol de verano aquí."

"Girasoles", 1889
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh. 

Todas estas obras son de sobra conocidas por todos, en cierta manera nos trasmiten lo idílico, lo que tiene de sugerente otros tiempos primigenios donde el tiempo se detiene y solo es necesario contemplar, eso es lo que quiso mostrar Van Gogh. Quizá esta es la clave de su triunfo entre el gran público, nadie tendría en su casa una reproducción de una obra de la cual se desprenden elementos negativos. Pero yo quiero acercaros otras, que quizá no han sido tan reproducidas y que a través de ellas y de lo dicho hasta ahora, nos sirvan para indagar más en la personalidad real del pintor. Me estoy refiriendo a sus calaveras y esqueletos. ¿Os podíais imaginar que además de las obras que todos conocemos tiene otras tan diferentes? Y no por favor, controlad vuestra imaginación, no hagáis asociación de ideas, no penséis en calaveras, muerte y su destino trágico ya que nada tiene que ver con eso. Quizá en un principio os cueste reconocerlas como obras suyas, esto es debido a la imagen que se ha proyectado de él. Van Gogh fue en gran parte autodidacta pero si que asistió a la Escuela de Bellas Artes de Amberes, allí estudiaban los esqueletos para conseguir reproducir de forma perfecta el estudio del natural. Acordaos de "La lección de anatomía del Doctor Nicolaes Tulp"(1632) del inigualable Rembrandt. Pues bien, este es el origen de sus risueñas calaveras, que aportan el elemento más divertido de su obra. Como nos ha pasado a muchos en nuestra época de estudiantes, había ciertas materias que se hacían más difíciles de digerir, a Van Gogh también le sucedía eso y traducía el aburrimiento en creatividad y así y de forma irónica representaba a una calavera que portaba en su boca un cigarrillo, era la forma elegida de burlarse de estas prácticas académicas. La obra tiene todos los componentes de un cuadro Barroco, el cigarro también. Por supuesto del Barroco holandés, en España una imagen así era ¡imposible! Por un lado, entroncaría con lo que nosotros aquí llamamos las Vanitas y que genéricamente llamaríamos Memento Mori. Un bodegón que nos recuerda que el tiempo pasa, que la vida es fugaz y que lo material es solo eso, material y que recuerdes morir, o dicho de otra manera, aprende a morir. Esta sería la traducción más cercana a la frase Memento mori, que según los historiadores fue susurrada al oído por un sirviente a un general victorioso en su entrada triunfal en Roma. Y por otro lado, en el arte holandés fue bastante frecuente la representación de los vicios y de los pecados capitales, pero no dentro de lo que denominaríamos Vanitas, sino más bien y durante el Barroco, de la pintura de género, que se aprecia en obras como "El rey bebe" de Jacob Jordaens u otra con el mismo título realizada por David Teniers. En ambos lienzos se representa una tradición flamenca relacionada con la Epifanía, en la cual la persona que encontrase el haba en el pastel es nombrado rey por un día y al grito de "el rey bebe" comenzarían los festejos. A los españoles está tradición nos es familiar ya que celebramos lo mismo en la misma fecha. También fueron muy habituales los fumadores como el tronie de Joos Van Craesbeeck, del cuál ya hablamos en una entrada anterior o el de Adriaen Brouwer.

"Cabeza de esqueleto con cigarro", 1886
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh. 
En esta obra hace uso de una pincelada perfecta con la que va dando forma a los huesos y esto se aprecia mucho mejor en otra de sus obras que tiene por protagonista otra calavera. El lienzo titulado "Skull", le podéis visitar en el Van Gogh Museum en Amsterdam. Lo más llamativo de esta obra es la forma en la que consigue el craquelado de la cabeza. La pinta sobre otra obra anterior la cual cubrió con una capa de zinc blanco que tiene como característica un lento secado que provocó las grietas. Como veis el cráneo está lleno de color, algo propio de sus obras y que en cierta manera es una antecedente, como decía antes del Expresionismo por lo que tiene de subjetivo.

"Skull", 1887
Museo Van Gogh, Amsterdam.
Vincent Van Gogh.

Van Gogh no fue el único que pintó este tipo de temática entre los pintores post impresionistas, también Paul Cézanne lo hizo, y no una vez sino varias. Sus cráneos nos recuerdan sus bodegones de frutas, utiliza una gama cromática muy suave propia de su obra y la composición piramidal para mostrarnos, de nuevo, la fugacidad de la vida.

"Tres calaveras", 1905
Intituto de Arte de Chicago
Paul Cézanne.

Como veis Van Gogh fue mucho más que un pintor de trigales y mucho más que un hombre de fuerte y atormentado carácter. Sus disputas con Paul Gauguin fueron habituales, a pesar de que fue este a través de la intermediación de su hermano Theo, marchante de Gauguin, quién le invitaría a formar parte de una cooperativa de artistas idea de Camile Pissarro. Arlés fue el punto de encuentro y allí los más creativos pintores de este momento postimpresionistas dieron a luz a algunas de sus mejores obras. 

"Terraza de café por la noche", 1888
Museo Kröller-Müller, Otterlo (Países Bajos)
Vincent Van Gogh.
Para terminar, he titulado la entrada como esa famosa película, que os recomiendo y que recoge de una manera muy acertada su vida, pero en mi caso, la palabra loco no alude a las dolencias mentales de Van Gogh, sino a sus colores a la explosión de las tonalidades. Este "loco" del pelo rojo estaba loco pero por vivir. 

lunes, 1 de enero de 2018

¿Os gusta lo feo y lo macabro en el arte?

"Gods of Earth and Heaven" (Joel-Peter Witkin, 1988)

El arte suele ser sinónimo de belleza o al menos es una característica que muchos han buscado en él a lo largo del tiempo, incluso en la actualidad. Nos atrae lo bello, salvo excepciones, nos complace lo agradable, aquello a lo que le presuponemos positivismo. Los griegos sabían mucho de como conseguir la belleza a través, no solo de rostros y cuerpos perfectos y jóvenes, sobre todo mediante la búsqueda de las proporciones, de la armonía y del canon. Pero no solo de la belleza ha vivido y vive le arte y el hombre, ya que en paralelo a las imágenes bellas, con las que nos han deleitado casi desde el principio de los tiempos, surgió lo feo lo cual rechazamos de inmediato. Lo caótico y lo oscuro que va unido a lo repulsivo no era de nuestro gusto, o del gusto de nuestros antepasados. Cuando hablo de lo oscuro, podemos pensar en los colores y no estaríamos equivocados, ya que social y culturalmente las tonalidades negras, marrones, grises u ocres nos trasmiten la sensación de poco agradable, de algo negativo. Muchos fueron los pintores que se sirvieron de los tonos oscuros, como Goya en sus célebres "Pinturas Negras" para trasmitirnos lo macabro, la hechicería, los tabúes de una sociedad y también su propio estado de ánimo. En algún lado, que no quiero recordar, he leído que Caravaggio, debido al uso que hacia de la luz buscando el claroscuro, y por el tipo de modelos que utilizaba en los cuadros religiosos, como prostitutas o mendigos, estaba dentro del grupo de artistas llamados por algunos, macabros. Ésta idea, yo la calificaría de barbarie. Las obras de Merisi tienen rojos impresionantes como el del vestido que cubre el cuerpo muerto de la Virgen y cuya modelo fue una prostituta que murió ahogada en el río, amarillos que trasmiten calidades y luz, luces perfectas rebosantes de vida y de belleza. El tenebrismo no nace para dar primacía a los tonos oscuros, sino para crear dramatismo debido al contraste y potenciar la luz. Los contrastes también son bellos y ambos, la luces y las sombras se necesitan.

"El aquelarre" (Francisco de Goya, 1823)

A través de conceptos como lo bello y lo feo se buscaba realmente ahondar en lo bueno y en lo malo, trasmitirnos valores de bondad en las imágenes bellas y de maldad en las feas, grotescas, macabras o protagonizadas por personajes de dudosa reputación o marginados de la sociedad (algo que Caravaggio no tenía en mente). Estructuras mentales que valieron al arte románico y gótico, o más bien a los clientes de los artistas, en éste caso la iglesia, para trasmitir enseñanzas morales y religiosas. Ambas ideas eran y quizá sigan siendo, necesarias para la existencia de una y otra, como las luces y las sombras, son la antítesis pero también la complementariedad. Escritores como Umberto Eco se ocuparon de la presencia de lo feo en el arte en "Historia de la fealdad", donde después de analizar las ideas y características que van unido a lo feo terminará afirmando que la fealdad también es bella. Recordemos que si hay algo que es totalmente subjetivo eso es la belleza.

"Portrait of a Dwarf" (Joel-Peter Witkin, 1987)
Hay muchos artistas que se complacieron en la plasmación de lo feo, pero no por el mero hecho de mostrar algo que no fuese agradable a la vista, sino más bien, en algunos casos, como el elemento reivindicativo hacia una sociedad hipócrita. Los bufones, los enanos, los seres contrahechos o las mujeres barbudas fueron en el S.XVII centro de atención para artistas como Velázquez o Ribera, tratados con la dignidad que cualquiera debe tener independientemente de su aspecto físico. El sevillano no buscará recrearse en lo feo o diferente, solamente mostrar una realidad con la que los reyes se divertían. Ejemplos hay mil pero yo quiero rescatar a un fotógrafo, totalmente desconocido para mí, hasta que hace unos días el Museo Reina Sofia colgó en su perfil de Facebook, una instantánea suya, me refiero a Joel-Peter Witkin. Indagando en su obra, porque yo no solo escribo por “diversión”, también y sobre todo lo hago porque me gusta profundizar en artistas y en obras, así como en las relaciones que se establecen entre diferentes estilos, momentos, creadores y creaciones o las influencias que percibimos a lo largo del tiempo, entre otras. Y para profundizar y presentar un trabajo digno, investigo, estudio y busco estrujándome las neuronas para llegar a componer una entrada interesante y atrayente, en donde mi opinión, partiendo de la objetividad de una obra, es parte fundamental. Como decía, indagando en su obra encontré elementos interesantes que me animaron a escribir ésta nueva entrada. Lo primero que me recordó fue a un fotógrafo, del que ya hablé anteriormente llamado Paolo Ventura y que a su vez, alguna de sus imágenes, remiten a una película “Freaks” (1932) de donde proviene la palabra freaky, película que en España se llamó “La parada de los monstruos”. Un film donde aparecían personajes muy similares a la mujer barbuda que José Ribera plasmó en un lienzo. Una mujer que formaba parte de una feria, con la cual viajaba de ciudad en ciudad exponiendo su rareza. Los circos o las ferias del S.XIX serían el otro elemento que uno recuerda al ver sus instantáneas. En esas ferias se exhibía lo anómalo, lo diferente como por ejemplo a los famosos gemelos de Siam o a hombres de gran estatura, como Agustín Luengo, el gigante extremeño, cuyo “vida” y muerte fue comprada por el Doctor Velasco, creador y director del actual Museo de Antropología creado a finales del S.XIX. Os recomiendo la lectura de la historia del Doctor Velasco un antropólogo físico que sentó las bases de la Antropología en España. 


"Night in a small town" (Joel-Peter Witkin, 2007)

Joel-Peter Witkin (Nueva York, 1939) comienza a fotografiar con 17 años, ésta primera imagen nada tiene que ver con el trabajo que posteriormente desarrollará. En ella, un rabino que aseguraba haber visto a Dios, se convertirá en su modelo. Y es que las vivencias de Witkin, aquellas que se quedan en su retina van a formar parte de sus fotografías o influir poderosamente en ellas. Entre los hechos que le influyen para desarrollar un tipo de imágenes que podíamos denominar grotescas y macabras, donde prima lo repulsivo y en las cuáles mezcla imágenes de muertos con personajes deformes y objetos de deshecho, se encuentra lo que vería en la Guerra de Vietnam (1960-4).


Como muchos otros fotógrafos Witkin participó en la guerra vietnamita como fotorreportero. Conflictos que de una manera u otra y por la dureza de sus vivencias quedaron reflejadas en sus obras. Pero no solo influirían elementos personales, su obra trasmite el influjo de pintores de la época victoriana que se pasaron a la fotografía cuando esta aparece en 1839, y que traspasan también su forma de hacer en la pintura. Nace así una fotografía pictorialista de estudio con mucho atrezzo, que podemos ver en las imágenes de Oscar Gustave RejlanderHenry Peach RobinsonJulia Margaret Cameron o Diane Arbus. Esta última, una fotógrafa americana que busca en lo estéticamente menos aceptado, en los desplazados y marginados a los protagonistas de su objetivo, ha sido llamada la "cronista de los freaks", pero ella no se recreaba en lo "diferente", no cruzaba el límite, quizá por ello fuese más impactante ya que mostraba el lado humano que otros fotógrafos no captaban. Witkin, al igual que hizo Rejlander, realizaba sus composiciones partiendo de bocetos previos. Primero preparaba físicamente la escena distribuyendo los diferentes objetos, personajes o elementos que van a formar parte de ella. Tras ello tomaba la fotografía, tal y como también hace Paolo Ventura. El negativo surgido de ella es alterado a través de diferentes emulsiones para al final darle una tonalidad que vira al sepia o al selenio. Obtiene así imágenes mucho más asombrosas que parecen trasladarnos a una época anterior, pero al mismo tiempo, nos hace suponer la irrealidad de lo que estamos viendo. Si el resultado final fuese una fotografía en color, lo captaríamos como algo real, como algo que ha sucedido y el impacto que causaría en nosotros sería diferente, quizá lo reflejado en ellas nos causase compasión, nos haría recapacitar, nos incluiría en la escena haciéndonos participes de ella. Algo similar hace Pablo Genovés en la captación de sus imágenes.  


"The Kiss" (1982)
Su obra más icónica se titula "The Kiss", vista así sin saber nada de ella nos puede parecer hasta reivindicativa del amor entre dos personas del mismo sexo, si nos acercamos y fijamos un poco más podíamos pensar que es un juego, como aquellas obras que surgieron del desarrollo del método paranoico crítico daliniano, en la que se buscaba la doble lectura: lo que veíamos y lo que realmente era. Pero la realidad es mucho más cruenta. Recordad, unas líneas más arriba hablaba de las vivencias que influyeron en su obra, pues ésta es una de ellas. Lo que Joel-Peter Witkin capta es un episodio que le sucedió cuando solo tenía 7 años. El niño acudía a misa junto a su familia y su hermano mellizo, llegando casi a la puerta de la iglesia escucharon un gran estruendo y al volverse vieron el choque de tres coches, de uno de ellos y por el impacto había salido despedida una niña, la cual yacía muerta en el suelo con la cabeza separada del cuerpo.  Joel contempló esa terrible escena y éste es el origen de "The Kiss".  El fotógrafo para crear la composición no recurrió a espejos, ya que si os fijáis la cara de "ambos" hombres es la misma, sino que y aunque nos provoque repulsión, la cabeza está cortada no solo horizontalmente sino también verticalmente.  Witkin rescata esta cabeza de la morgue donde esperaba su turno de autopsia y compone este beso que, si al principio nos podía despertar amor, ahora despierta repulsión, no por lo que vemos sino por lo que sabemos.  Buscaba captar la muerte como una parte más de nuestra vida, olvidando y obviando los tabúes que sobre ella podamos tener, desmitificándola para acercárnosla directamente involucrando a lo feo. Pensemos en todos los muertos que vio durante la guerra, quizá cuando uno ve tanta muerte, desolación o la fealdad que provocan las balas y las granadas en los territorios y en los cuerpos de los combatientes y de los civiles, la muerte se enfrente de otra manera, como algo cotidiano que está ahí.  La muerte ha sido un tema tratado muy habitualmente desde el principio de la fotografía, hombres, mujeres y niños sin vida, pasaban por aquellos primeros estudios fotográficos donde se inmortalizaba el recuerdo de quién ya no estaba. Los tiempos han cambiadoafortunadamente, y hoy no se nos ocurriría tomar una imagen así. Tal vez y como denuncia Witkin, no lo hagamos, no por respeto sino por una hipocresía fingida, que se desmonta en muchas ocasiones.  Sus obras, quizá por ellos, estén cuajadas de miembros separados del cuerpo, que parecen tener vida propia. 


"Love and Redemption" (Joel-Peter Witkin)

La obra de Witkin, en definitiva, trata de poner coto a la doble moral, de mostrarnos como todo puede y debe ser aceptable, los seres bellos y los que no lo son, trata de incitar y sobre todo de hacer visibles realidades que pueden parecer incómodas. Cuando versiona "El Nacimiento de Venus" de Boticelli, lo hace intentado sacar el lado menos bello, ese que ocultan los artistas los cuales solo reflejaban la belleza obviando otras realidades. Creando la contraposición de la obra armónica y equilibrada. 

Algunas de sus obras recuerdan muchas otras de la Historia del Arte y muchos períodos, bodegones e incluso Vanitas, tan de moda durante la época barroca. En ellas se hacía alusión al paso del tiempo, a una belleza que va muriendo y no es eterna se descompone igual que lo va haciendo la vida y donde se buscaba el valor espiritual por encima del material a través de la acumulación de objetos que nos recordaban la caducidad de todos ellos. Valdés Leal (1622-1690) en "Las Postrimerías" utiliza una acumulación de objetos diferentes cargados de significados y acompañados con un esqueleto. Witkin también, como ya he citado antes, recurre a objetos diversos acompañados por personajes también diversos.
"In ictu oculi" (Valdés Leal, 1671-2)

Os recomiendo a éste fotográfo no sé si diferente, pero si al menos no deja indiferente a nadie. Para la exposición que de él hicieron en el Reina Sofía creó una composición basándose en Las Meninas, ¿otra versión más o quizá no? No sólo admiraba a los fotógrafos ya citados también a Velázquez y a Miró, entre otros. Os la podía poner pero voy  a dejar que la busquéis vosotros, ya os he dado una pista, la otra es que la exposición se realizó en 1988, es muy fácil, no tiene pérdida. 


"El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas" (Marcel Duchamp)