lunes, 25 de junio de 2018

Johannes Vermeer, el maestro de la intimidad barroca.


Después de un largo parón retomamos, y lo hacemos casi en el mismo lugar en el que nos habíamos quedado. Si la manzana anterior estaba dedicada a "La joven de la perla", una de las obras más conocidas de Johannes Vermeer, esta manzana va dedicada a él. Al creador de toda una serie de pinturas que nos deleitan y nos acercan a la vida holandesa del S.XVII. Sus obras, cómo las de otros, se constituyen en pieza clave, en un documento preciso de cómo eran las ciudades, los paisajes o la moda, y nos acercan a las tradiciones y los oficios que existían en los diferentes países y en diferentes momentos de la historia. Se nos antojan así, retazos deliciosos, por los que viajar a través del tiempo. Su contemplación, nos aporta una gran cantidad de datos, también plásticos, y deleita nuestros sentidos. 



"Vista de Delft" (1660-1)
Johannes Vermeer
Mauritshuis (La Haya)

El pintor de "la luz holandesa", lo es también de las escenas serenas, equilibradas, congeladas en el tiempo, elegantes y armoniosas, de colores delicados y sensuales, que nos aportan calma y nos trasmiten la sensación del placer que le producía a Vermeer pintar. Su pintura se detiene en detalles cotidianos como los desconchones de una pared, que le encumbran cómo uno de los grandes artistas. Uniéndose la cotidianidad al realismo. El detallismo, característico de la obra de nuestro pintor, no tiene tanto que ver con la minuciosidad propia del estilo flamenco y heredado del arte de la miniatura, sino más bien, está relacionada con lo descriptivo. 

Entre todos los temas que abordó, nos mostró con absoluta delicadeza, el de la pintura de género, algo usual en la Europa barroca. Y así, nos ha legado bellas muestras de interiores burgueses en obras como "El geógrafo" (1668), y también de otros más humildes como nos muestra en "La lechera" (1658). Tanto una como otra, comparten las características propias de los pintores del norte de Europa, tales como el detallismo, la minuciosidad o la búsqueda de las calidades, junto con las habituales de nuestro pintor: la delicadeza, la utilización del apreciado azul ultramar y la captación de la luz blanquecina, que algunos estudiosos, relacionan con la pintura veneciana. Y aunque su obra, está caracterizada por ser protagonizada por mujeres, en el caso de "El geógrafo", introduce una novedad. Por primera vez, el protagonista absoluto es un hombre. Observando otras obras como "La lección de música" (h.1660), apreciamos como también aparecen caballeros que acompañan a las damas, pero estos son eso, un mero acompañamiento y apoyo a la escena y a la temática. En este caso, el hombre aparece solo, concentrándose en él toda la importancia, representando el tema del sabio. Un tema muy característico de la Europa del norte. Que las protagonistas habituales fueran mujeres, podría tener que ver con el tema a tratar. 


"El geógrafo" (1668-9)
Johannes Vermeer.























"La lección de música" (c.1660)
Johannes Vermeer.
Palacio de Buckingham (Londres)


Los temas de género mostraban el día a día, rutinas que en aquella época, eran más propias de las mujeres. Los hombres realizaban sus quehaceres fuera de la misma, podían estar en el campo, en una herrería, etc. Aunque hay varias excepciones, por ejemplo, los pintores, que aparecen en sus talleres, como en "El arte de la pintura" (1666). Aún así, la protagonista sigue siendo una mujer, en este caso la Musa Clío, que hace de modelo para un pintor que nos da la espalda y que posiblemente sea el propio Vermeer. Según algunas hipótesis esta obra de gran formato, fue realizada para el Gremio de artistas de San Lucas, en donde Vermeer ocuparía el cargo de presidente entre 1663 y 1670. Este hecho estaría reforzado por los diferentes elementos, alegorías y simbolismo que aparecen en el lienzo. Clío está caracterizada siguiendo el modelo que, Cesare Ripa, describe en "Iconología" (ambos, libro y artista, son fundamentales para todos aquellos que hemos estudiado Historia del Arte), su cabeza aparece cubierta con una corona de laurel, con su mano derecha sostiene una trompeta, mientras que el brazo izquierdo soporta un enorme libro. Clío es la musa de la Historia, así que alguno de vosotros os puede surgir la duda de ¿por qué Vermeer, para hablar del arte de la pintura, lo personifica en la musa de la Historia? Siguiendo la teoría del arte clásico, la historia estaría en la base de la creación pictórica. Si seguimos analizando los elementos que aparecen en la obra, y que formarían un bodegón, una temática muy característica de los Países Bajos, encima de la mesa observamos un vaciado de escayola, que representaría la escultura, un libro que se relacionaría con el arte de la impresión o incluso con la arquitectura, un cuaderno en relación con el diseño y unas telas con la tapicería, tan característica de los Países Bajos. Otros estudiosos, en cambio, relacionan estos objetos con los atributos de las hermanas de Clío: Thalía estaría representada a través de la máscara (aunque en este caso no es tal máscara, sino como he apuntado antes un vaciado de escayola), el cuaderno con Euterpe, la musa de la música y Polimnia con el libro de lo cual se presupone que este representaría la poesía, ya que Polimnia era su musa. Si tomamos la idea de la escultura y la arquitectura, estarían representadas las tres artes. 
"Iconología" (S.XVI)
Cesare Ripa

No sabemos si Vermeer pintaría este lienzo para el Gremio, ya que aparece en su inventario de bienes, pero además fue tanto el cariño que profesó a esta obra que la colgó en la entrada de su taller cómo una forma de mostrar su gran profesionalidad, por ello, se cree que el interior representaría su propio obrador. Lo que sí sabemos, es que gozó de una gran fama y popularidad, fue tan admirado, que a la muerte del pintor, su viuda trató de evitar, sin éxito, que cayese en manos de los acreedores. Tanta es la fascinación que ejercía este lienzo, que hasta el mismo Hitler quisó adueñarse de él. Cuando los nazis comienzan la "recolección", o más bien expolio, de aquellas obras destinadas a formar parte del museo que Hitler pretendía crear en Linz, su ciudad natal, enseguida depositaron sus deseos en la adquisición de "El arte de la pintura". La compra se produjo, bajo amenaza de su propietario, el cual fue obligado a venderle por un precio más bajo del solicitado, so pena de ser llevado a un campo de concentración. Esta obra, fue una de las más de 7.000 que recuperaron los Monuments Men, al final de la Segunda Guerra Mundial, de una mina de sal en Altaussee (Austria). La obra no fue devuelta a su legítimo propietario, como sucedería con otras, sino que los Estados Unidos la restituyeron al estado austriaco, presuponiendo que la venta había sido voluntaria y sin coacción (¿ingenuidad?). Su dueño, el Conde Czernin, reclamaría su propiedad alegando la falta de voluntad en su venta. En la actualidad se puede contemplar en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Otros elementos que destacan en ella, es el preciosismo del cortinaje que parece introducirnos en una escena teatral, un elemento muy propio del andamiaje escénico barroco. Y también la línea de horizonte situada en la parte baja del mapa que representa Holanda. Una línea de horizonte demasiado baja, lo que hace suponer que Vermeer le pintó sentado, tal y como aparece el pintor del lienzo. Y junto a ello, el punto de fuga que ayuda a crear la perspectiva, y que se encuentra descentrado. Algunas hipótesis apuntan que para crear la profundidad de esta obra, se sirvió de hilos que se cosían en el lienzo y que convergerían en el punto de fuga.

El arte de la pintura (h.1666)
Johannes Vermeer
Kunsthistorisches Museum Wien
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Si en "La joven de la perla", o de otros retratos, es ella quién nos busca con la mirada introduciéndonos en su espacio, en el caso de las obras de género, somos nosotros los que nos introducimos en el cuadro por voluntad propia, sorprendiendo al personaje o personajes representados en la escena. La atmósfera, queda suspendida en el tiempo. Se detiene en ese preciso instante para mostrarnos una actividad. Vermeer no nos narra una historia, solo nos muestra una escena íntima. Así, conseguimos detenernos en los detalles, estudiando minuciosamente la obra. Obras que en muchos casos siguen un esquema más o menos invariable en cuanto a la composición. La aparición de uno o a lo máximo dos personajes, uno es el principal y el otro, como decía antes, le sirve de apoyo. Siempre aparece una ventana a la izquierda por donde entra la luz, algo muy propio de los primitivos pintores flamencos, recordemos las obras de Van Eyck o Robert Campin. La aparición de esta ventana ha servido para argumentar la utilización de la cámara oscura, antecedente de la cámara fotográfica, para crear la perspectiva. Parece que Vermeer tenía problemas para crear la profundidad de una forma natural, sin la utilización de este artilugio. A su favor diré, que Van Eyck, desarrolló la perspectiva aérea a través de la utilización de veladuras sin la necesidad de la cámara oscura, y en sus obras, también vemos una ventana que ayuda a crear profundidad y a ampliar la estancia en la que se ubican las escenas. Pero a diferencia de los primitivos flamencos, a través de las ventanas de Vermeer, no observamos ningún paisaje, no refleja el exterior en el interior. Sus ventanas están entornadas o cerradas, y en ocasiones, cómo en "El arte de la pintura", ni siquiera vemos la ventana, solo la intuimos mediante la luz que se filtra. Para buscar la perspectiva se sirve además de las baldosas del suelo, que adquieren forma romboidal, en las que mezcla dos colores, blanco y negro. También a la izquierda, normalmente, sitúa al personaje, el cuál o bien mira hacia la ventana o hacia el objeto que le caracteriza (globo terráqueo, lechera, carta marina, etc). Al fondo, una pared de la que cuelgan objetos, que de nuevo, nos dan pistas del tema de la obra. Y un elemento más es propio de su obra, la soledad del protagonista al cual representa de cuerpo entero, remarcando de nuevo la intimidad del momento y la dimensión humana que trasciende en todas sus obras.


"La lección de música" (c.1660)
(detalle)
Johannes Vermeer.
Palacio de Buckingham (Londres)

Si las pinturas de género nos fascinan por su delicada belleza, "La callejuela" lo hace por su misterio. Si tuviese que destacar un solo rasgo, sería el de la atemporalidad de la escena. De esta obra, que me fascina, me llama la atención el encuadre elegido, ya que no nos muestra un edificio completo o una vista más amplia de una calle de Delft. A esto añadiría la perspectiva utilizada, bastante extraña, ya que el punto de fuga, ligeramente descentrado en cuanto a la composición, situado en la parte alta del edifico del fondo, está demasiado bajo y aporta un escaso recorrido, en referencia al edificio que tenemos en primer plano, un edificio demasiado alto, lo cual visualmente acorta la profundidad. Pero también me atrae el uso de la diagonal que corta la obra en dos mitades, cuando lo más habitual sería que esa diagonal formase un escorzo, el cual ayudaría a conseguir la profundidad. Y por último, el tema: una callejuela... Me parece completamente fascinante. 

¿Qué opináis vosotros de "La callejuela"?



"La callejuela" (ca. 1658)
Johannes Vermeer.
Rijksmuseum (Ámsterdam)




viernes, 25 de mayo de 2018

La joven de la perla y otros retratos.


"La joven de la perla" (1665)
Johannes Vermeer
Mauritshuis (La Haya)

La Historia del Arte está llena de retratos. Imágenes, a través de las cuáles, hemos podido conocer el rostro de artistas, de reyes y reinas, de amantes del arte, de "donantes" y marchantes, de personajes de la iglesia, de burgueses y de un largo etc. Pero junto a estos, fácilmente reconocibles, existen otros, de los cuáles, desconocemos su nombre. Retratos inspiradores y atrayentes, con una belleza cargada de un gran misterio. Entre estos últimos se encuentra el de "La joven de la perla". Un retrato que seguro todos conoceréis. El artífice de tan bella obra, no es otro que uno de los grandes, Johannes Vermeer. 

Johannes Vermeer (1632-1675)
El retrato, como género artístico, está presente en todas las etapas de la Historia del Arte. Durante la época romana hay un gran desarrollo que se aprecia, no solo en las esculturas, sino también en las monedas con un claro carácter propagandístico. No eran, en muchos de los casos y dependiendo de la época, retratos fidedignos, ya que durante el Imperio olvidan los rasgos personales de cada uno para buscar la idealización del Imperator con la que mostrar su grandeza. Siglos después, será el Renacimiento y el Barroco, los que hagan de él un género imprescindible. Los cambios sociales, el deseo de mostrar el poder, y los logros económicos de una burguesía muy pujante, harán que los personajes de las altas esferas, quieran tener el suyo propio, imitando a la realeza, para mostrar al mundo sus logros. Algunos pintores se dedicaron casi en exclusividad a este género, sobre todo los pintores de Corte, como el pintor flamenco Van Dyck o Sofonisba Anguisola, que retrató a Felipe II. Sus retratos destacan por la frescura, ya que, en ocasiones, sus modelos aparecían realizando tareas domésticas. Otros, como Rembrandt o Velázquez, lo alternaron con otras temáticas, destacando en todas ellas. Su genialidad era tal, que daba igual lo que pintaran, todo lo que tocaban lo convertían en excelso. Entre sus retratos más conocidos, en el caso de Rembrandt, destacan sus autorretratos que reflejan los cambios físicos por los que va pasando. En el de Velázquez, sobresale el del "Papa Inocencio X", por su magistral estudio psicológico. Vosotros me podéis argumentar que existe otro aún más famoso, es cierto, ¿todos sabéis cuál es? Velázquez no solo retrató al papado y a la monarquía, también a los enanos y bufones tan presentes en la España del seiscientos, y que a costa de sus deformidades, entretenían a una sociedad ociosa, la cual pensaba que cada hombre tenía un papel concreto que desempeñar en la vida.

Autorretrato de Rembrandt van Rijn (1661).

"El Niño de Vallecas" (1635-45).
Diego Velázquez.
Museo del Prado (Madrid)





Con la llegada, en el hemisferio norte, del verano, las ganas de viajar se acrecientan. Si aún no tenéis un buen plan, podéis acercaros hasta los Países Bajos, concretamente hasta La Haya y visitar el Mauritshuis. Allí encontraréis obras maestras de Vermeer, del genial Rembrandt como la "Lección de anatomía" o su propio retrato, de Franz Hals, Clara Peeters, Rubens o Van der Wyden, entre muchos otros. Todos ellos, grandes maestros de la pintura flamenca, renacentista y barroca, que hicieron avanzar el arte. Y allí podéis contemplar y disfrutar de la joya del museo, y protagonista de esta nueva manzana: "La joven de la perla". Una joven vestida con un exótico traje que envuelve su cabello en un turbante azul ultramar. Su rostro se gira para mirarnos. Sus ojos vívidos y llenos de misterio, nos interrogan. Su belleza se completa con un pendiente de perla en forma de lágrima que emite destellos y reflejos. Si os fijáis, el pendiente es excesivamente grande, convirtiéndose en foco de atracción para nuestros ojos. Pero al mismo tiempo, hay una confrontación con otros dos elementos: el delicado rostro de la muchacha que busca el contacto visual con el espectador y el preciosismo del azul del turbante. Tres elementos creados de una forma magistral con un elemento en común: la captación de la luz. Una luz blanquecina que caracteriza a su creador, y que también están presentes, en sus labios húmedos, así como en su rostro. Luz que le ha valido, el sobrenombre del pintor de "la luz holandesa".


Detalle de "La joven de la perla"


En 1665 Johannes Vermeer pinta este lienzo en el que representa a una desconocida joven, de la que, ni siquiera en la actualidad, sabemos quién pudo ser, a pesar de las elucubraciones que existen. Sinceramente, viendo la obra, a mí no me interesa tanto saber quién fue y porqué la retrató, ya que su sola presencia lo llena todo. Es tan imponente y a la vez tan delicada, que cuando nos enfrentamos a ella solo podemos apreciar la calidad de los pigmentos, de la pincelada, del dibujo, de la intimidad que emana, y de una obra, en la que todos los elementos se unen y se relacionan buscando la perfección. Los escasos colores se conjugan ofreciéndonos unas tonalidades que casan a la perfección con el rostro tierno de la muchacha. Pero no solo eso, juega con el nacarado del rostro evocando el material perlado del pendiente. Crea conexiones a través de muy pocos elementos, que lo que hacen, es potenciar aún más la sencillez de la retratada y de su belleza. Y en este sentido, se sirve también del fondo. En este caso, elige un fondo negro, sin referencias espaciales, haciendo que destaquen aún más los elementos antes citados, convirtiéndoles de nuevo, en foco de atracción. El objetivo es solo ella. Pero aunque saber quién pudo ser o qué relación guardaba con Vermeer, no sea lo más importante, si que se nos plantean otras dudas. ¿Por qué la retrata con un traje de marcado carácter oriental? ¿Qué significado tiene el pendiente y por qué de dimensiones tan grandes? ¿Qué pretendía al hacerle coprotagonista de la obra? ¿Por qué una perla? ¿Puede ser que utilice la perla haciendo referencia al Barroco? La palabra Barroco proviene de la portuguesa barrueco que hace alusión a una perla irregular, aunque en este caso tiene forma de lágrima. Vermeer no dejó cartas, ni documentos que nos den pistas sobre sus encargos o como transcurría su vida. Lo cual hace más difícil conocer datos sobre su historia y la de sus obras.

Detalle de "La joven de la perla" (1665)

Johannes Vermeer (1632-1675) comparte con esta obra, por lo tanto, una característica, la del enigma. Su vida es todavía hoy un misterio en muchos de sus puntos. Nació en 1632 en Delft, una preciosa ciudad holandesa de la que nunca salió, a excepción, de un viaje que hizo debido a un litigio. En la actualidad, la urbe sigue recordando al maestro, aunque en su época no dejó de ser un pintor más. Esto se aprecia, en las estrecheces económicas que pasaría a lo largo de su vida, a pesar de casarse con Catharina Bolmes, una mujer adinerada. Quizá, esta estrechez, se deba a la cantidad de hijos que tuvo, nada más y nada menos que once. A lo cual, se une la falta de encargos, y que estos partiesen de coleccionistas y mecenas locales, como Pieter van Ruijven. Su arte no salió de los límites de su ciudad y de la cercana La Haya, y eso, que Vermeer fue un importante miembro del gremio de pintores de San Lucas. Aún así, sus obras se vendían por una gran cantidad de dinero. Se le atribuyen, aproximadamente 45 obras, de las que sólo se conservan unas 30. En manos de la hija de Ruijven, y heredadas de su padre, se hallaron 20. Por ello, no se entiende muy bien, que no gozando de un estatus privilegiado, utilizase, tan habitualmente, el carísimo azul ultramar, el pigmento más costoso de los habidos en ese momento. Este azul, se obtenía al triturar una piedra semipreciosa: el lapislázuli, con un brillo irisado, que provenía de más allá del mar, de ahí el sobrenombre de ultramar. Una piedra, que fue característica de los faraones egipcios y que como pigmento, fue profusamente utilizado por los pintores del Trecento, como el Duccio o el Giotto en los frescos que decoran la Capilla Scrovegni (Padua), y del Quattrocento, como Fra Angelico. El color se utilizaba para simular el cielo o como fondo en el caso de el Giotto, pero también, como se aprecia en las Anunciaciones, era el color del manto de la Virgen.

Capilla Scrovegni (1302-1305)
El Giotto 

Si bien hablamos de "La joven de la perla", como de un retrato, sería un error calificarle como tal. Realmente pertenece a un género llamado tronie, cuya traducción sería rostro, y que se desarrolla, durante el S.XVII, en Holanda. El tronie es una pequeña pintura de un personaje, que no tiene que ser real, por lo tanto no hablaríamos de retrato, ya que lo que se busca es mostrar la variedad de gestos. Son, en muchos de los casos, divertidos estudios gestuales. La tipología más generalizada era la de busto o busto ligeramente alargado hasta los hombros, aunque podían llegar a extenderse hasta la cintura, es decir de medio cuerpo. Algunos de los autorretratos de Rembrandt se catalogan dentro de este subgénero, pero sobre todo destaca Franz Hals. Y entre los más difundidos, y que representan a la perfección lo que es un tronie, destaca "El fumador" de Joos Van Craesbeeck y los realizados por su maestro Adriaen Brouwer.

"El fumador"
Joos Van Craesbeeck (1605-1660)

"The bitter potion" (c.1635)
Adriaen Brouwer.
Autorretrato de Rembradt
("Rembrandt riéndose")

Pero Vermeer pintó más retratos, como el "Retrato de una mujer joven". Los dos, el que nos ocupa y este, son obras de madurez y guardan muchas similitudes. Ambos se inscriben dentro del género de los tronies. Para la representación de las dos mujeres utiliza el tipo de busto ligeramente largo, de perfil y con el rostro girado tres cuartos hacia la izquierda, mirando al espectador. El retrato de tres cuartos, viene heredado de Jan Van Eyck, uno de los más destacados primitivos flamencos. Ambas llevan un tocado y un pendiente de perla en forma de lágrima. El fondo, como en la otra representación, es neutro, carece de referencias espaciales. Obvia la narratividad que nos podía proporcionar ubicarla en un ambiente concreto. De nuevo, el rostro, es iluminado por una luz que hace que resalte respecto al fondo, contrastando ambos elementos, y recortando la cara de la joven, que parece salir hacia nosotros. Ella también nos mira como buscando nuestra complicidad, pero en esta ocasión, parece sonreírnos muy tímidamente, mientras que la joven de la perla, con sus labios entreabiertos, parece querer entablar una conversación con el espectador. No todo son parecidos, hay diferencias, como la gama cromática utilizada, no aparece el azul ultramar, los colores son más apagados, más neutros y fríos. Pero como en el caso anterior, sirven para completar y ahondar en el gesto, en la delicada y tímida sonrisa que nos dedica la joven. En el caso anterior, el rostro destila más sensualidad y por ello, utiliza el azul ultramar, un color más atrayente, podíamos calificarle incluso de sensual, exótico por su origen y muy deseado. Características, todas ellas, aplicables al rostro de la joven. Pero hay un elemento más que profundiza en lo que nos quieren trasmitir una y otra. Ese elemento, es la actitud que adoptan las jóvenes. Mientras que la joven de la perla esta erguida, lo cual da sensación de seguridad, de aplomo, la otra joven parece que se repliega sobre ella misma, los hombros parecen estar adelantados y cerrados, un gesto que sirve para remarcar la timidez que emana del propio rostro. Vermeer es el creador de las escenas perfectas, en las cuales todos los elementos, los colores, las poses, las formas van hacia un único objetivo. No obstante, la sensación que tenemos al contemplar uno y otro, son totalmente diferentes. Mientras que "La joven de la perla" ejerce un gran poder de atracción y de preguntas sobre la joven que aparece representada, en el "Retrato de mujer joven" no existe ese poder de seducción. Es un rostro igualmente delicado, pero carece de la belleza e intriga que nos trasmite el otro.

"Retrato de una mujer joven" (1665-7)
Johannes Vermeer.
The Metropolitan Museum of Art (Nueva York)

Yo me declaro fan absoluta e incondicional de Johannes Vermeer, a pesar de reproducir modelos y esquemas en todas sus obras. Pero sus características, sobre todo el enorme detallismo y el estudio de las calidades, el color, junto a la delicada belleza, a lo liviano y a lo grácil, hacen que se convierta en uno de mis pintores favoritos. 

El misterio que rodea a nuestra joven con pendiente, ha hecho que surjan libros y películas, que intentan acercarnos la historia de esta muchacha y a la supuesta relación con el pintor, algunos creen que era la hija del coleccionista antes citado. Y gracias al cine, Scarlett Johansson, se ha convertido en la nueva joven de la perla. Pero también, hay toda una variante de versiones en diferentes técnicas y con personajes muy conocidos tanto de la ficción como de otras obras. Así, Daisy, ha adoptado el característico turbante para convertirse en "Daisy de la perla". Pero también, la joven a la que Vermeer dió la inmortalidad, aparece compartiendo escenario con La Mona Lisa (por el misterio que rodea a la joven de Vermeer, se la pone en relación con esta obra de Leonardo, apodándola la Mona Lisa holandesa, término del que yo huyo), y con el hombre de "El Grito" de Munch. Los tres, con gestos muy actuales, se realizan un selfie, adaptándose a los nuevos tiempos. A mí, la versión que más me gusta, es la que os dejo aquí. Parece, que cansada de ser fotografiada una y otra vez, se toma la revancha para fotografiarnos a nosotros. Así que... ¡Sonríe!



martes, 15 de mayo de 2018

New York: del Pop Art al Hip Hop. ¿Cultura o contracultura?




La Segunda Guerra Mundial y el ascenso nazi, así como toda la insolidaridad y masacre vertidas sobre los pueblos y en concreto sobre los judíos, marcaron un hito en nuestra historia. Nadie olvidará los campos de concentración donde miles de hombres, mujeres y niños morirían a manos de unas mentes locas, dominadas por un pequeño hombre, que tan alejado estaba de los prototipos de raza aria que quería crear, a través de programas como Lebensborn. Un hombre con aspiraciones artísticas que se truncaron, cuando la Academia de Bellas Artes de Viena, rechazó su ingreso debido a que sus formas eran demasiado convencionales. Hitler quiso dominar no solo Europa, también el mundo. Su ascenso, y la ocupación de los países, parecían imparables, nada ni nadie parecía detenerle. Pero, en abril de 1945, sucede algo con lo que él no contaba. Las tropas soviéticas entran en Berlín y los Aliados comienzan a bombardear la ciudad. Los escuadrones hitlerianos allí destacados, desoyendo las órdenes dadas por el Fhürer, se rinden. Berlín cae. Y días después, el 8 de mayo, se firma la rendición incondicional de la Alemania nazi. Europa comienza a respirar, pero ya nada sería igual. El mundo, no sucumbió a las ideas hitlerianas, Europa y sus ciudadanos lograron vencer al peor de los enemigos y reconstruir poco a poco nuestro viejo continente. Pero la guerra produjo un gran trauma en las conciencias, tanto a nivel social, como un quebrantamiento de los principios estéticos de la cultura occidental.



El Tercer Reich, no solo se llevó las vidas y las ilusiones de muchos de los ciudadanos europeos, también atacó al arte, y a las Vanguardias, a las que consideraba un "arte degenerado". Quiso humillar a los europeos, y lo hizo, no solo como la historia y sus protagonistas nos han contando, también, atacando las expresiones artísticas nacidas de aquellos creadores, que con sus producciones, estaban marcando el rumbo del arte contemporáneo. Su venganza, por no haber cumplido su sueño de convertirse en artista, fue incalculable. La ocupación de París en 1941, marcaría el inicio de la ruptura de todas las relaciones que las Vanguardias se habían encargado de crear, una red de contactos internacionales que sostenían el entramado artístico vanguardista. París deja de ser la capital del arte, y su testigo, es recogido por Nueva York, que se convierte en el abanderado del nuevo orden mundial. Frente a la oscuridad, los escombros, la miseria y el luto que sufría Europa, Nueva York y los Estados Unidos, representaban el renacer, la luz, los deseos y los sueños que aún se podían cumplir. Pensemos que, aunque Estados Unidos participó en la Segunda Guerra Mundial, tras el ataque a Pearl Harbor, su territorio no fue atacado, las batallas no se libraron en su suelo y por lo tanto, no hubo que llevar a cabo una reconstrucción de mentes y de lugares como si pasaría en Europa. Aún así, el viejo y desolado continente, no se convirtió en un erial. Se desarrollaron lo que se conoce como las Segundas Vanguardias. Unas vanguardias, que dieron paso a lo contemporáneo en el arte. La abstracción, que curiosamente proviene, en artistas como Eduardo Chillida, de la simplificación de la figuración, se convirtió en el modo más palpable de expresar la desesperación y la crisis existencialista que asolaba Europa. Así nace el Informalismo, donde lo más llamativo, es la valoración de lo matérico. El lienzo cobra vida, ya no es el soporte sobre el que pintar, ahora, la arpillera, es un elemento más, el más importante con el que jugar. Se desgarra, como en las obras de Antoni Tapiés, o se sustituye por telas metálicas como hiciera Manuel Rivera. Junto a lo matérico, destaca la gestualidad, tan característica de la obra de Antonio Saura. El Informalismo español, que se desarrollará más tarde que en el resto de países, debido al proceso dictatorial que se estaba viviendo, bebe no solo de las corrientes abstractas que se desarrollaron en Europa y en América, sobre todo, de la gran tradición pictórica española especialmente de Velázquez y de Goya.

"Cuadro 173" (1962)
Manolo Millares (1926-72)

El Informalismo europeo es deudor del Expresionismo Abstracto americano, donde la abstracción y lo matérico de las obras de Jackson Pollock, eran mucho más evidente. Pero no solo se desarrollaron movimientos liberadores de las formas, que a través de la materia, buscan desmaterializar el contenido, el cual acaba convirtiéndose en regueros de pintura a través de la técnica del Dripping. También, y debido a la cultura de consumo de masas, nacen otros movimientos tan difundidos y entendibles como el Pop Art. Aunque como siempre digo, nada es lo que parece, a veces las formas abstractas son más evidentes y claras que la figuración. Quizá, la cierta intelectualidad que se le presupone a la abstracción, hizo que el Pop Art, con un lenguaje tan cercano, fuese tan bien acogido y reemplazase al Expresionismo Abstracto en la década de los 60. También tendría mucho que ver los cambios sociales que se estaban operando, el nacimiento de la postmodernidad, el rechazo de la cultura tradicional y consecuentemente la valoración de la contracultura que hizo nacer el movimiento Hippie, el Punk o la generación Beat encabezada por Jack Kerouac y Bob Dylan, y la exaltación del consumismo y de los mass media, que curiosamente se contraponían a los ideales de la contracultura. Una sociedad, donde se daban cita elementos que poco tenían que ver entre ellos, pero que lograron conjugarse perfectamente.

Jackson Pollock en su estudio

A pesar de que los movimientos se desarrollan de una manera similar a uno y a otro lado del Atlántico, será Estados Unidos quién marque el rumbo de los nuevas ideas artísticas y el que acoja con más fervor el desarrollo de un arte muy moderno, en parte, por el asentamiento en épocas anteriores de artistas como Marcel Duchamp, pero también, debido a que las novedades artísticas no las asientan sobre un sustrato cultural anterior e histórico, como si sucedería en Europa, sino que son formas nuevas nacidas directamente de las necesidades plásticas y creativas. Tres elementos hicieron de este país el abanderado del arte contemporáneo: Peggy Guggenheim, mecenas de los artistas modernos europeos que llegaron al país de los sueños; Jackson Pollock que logró unir bajo su creación a aquellos que defendían un arte exclusivamente americano y por lo tanto aislacionista y a los que buscaban integrar las tendencias europeas en América; y los políticos a través de instituciones como el MoMA que buscaron y lograron, convertirse en el refugio contra el fascismo y a favor del arte contemporáneo. Gracias a todos ellos, tuvo un gran desarrollo el coleccionismo privado que vería nacer los grandes museos, las grandes colecciones y a las grandes figuras del arte más actual de ese momento. Mientras Europa buscaba la vanguardia marcada por la tradición, Estado Unidos buscaba la innovación sin estar sujetos a condicionantes que limitasen las formas de expresión.

América se había convertido en el país receptor al que los europeos tenían puestos sus objetivos, buscando mejorar su vida y huir de las guerras que asolaban nuestro territorio. Hasta allí, fueron llegando científicos, artistas, literatos y también hombres y mujeres trabajadores, que buscaban hacerse un hueco en la vida. Su primer contacto con el país de los sueños era la Isla de Ellis, en Nueva York, desde la que contemplaban la Estatua de la Libertad y donde sus sueños empezaban a verse más cercanos. Se calcula que más de 12 millones de inmigrantes europeos arribaron a esta pequeña isla. Entre esos hombres sencillos, se encontraba una pareja Andrej y Julia, dos eslovacos que en 1914 emigraron a Estados Unidos, primero lo hace él y años más tarde ella. Sus nombres, quizá no os digan nada, pero si a ellos uno un apellido, Warhola, seguro que ya empezáis a saber de quién hablo. Efectivamente, ellos son los progenitores de Andy Warhol (Andrew Warhola), la figura más destacada del Pop Art. 



"Just what is it that makes today´s homes so different, so appealing? (1956)
Richard Hamilton (1922-2011)

Aunque el Pop Art, nace en el Reino Unido en los años 50 del siglo pasado, y da el salto a Estados Unidos una década más tarde, mostrando diferencias con su predecesor ya que el americano se muestra mucho más ambiguo que el desarrollado en las islas por artistas como Richard Hamilton, pionero del estilo. El Pop Art no podría entenderse sin Andy Warhol y viceversa, Warhol no hubiera sido tan reconocido sin las obras nacidas del Pop Art. Como les pasó a muchos artistas, Andy Warhol (1928-1987) comienza a interesarse por el arte tras pasar por un larga enfermedad que le llevó a estar postrado en una cama durante largos períodos. Su verdadera carrera, y el mito en el que se ha convertido, comienza en Nueva York. Si para sus padres fue la puerta de entrada también lo sería para él, artísticamente hablando. Hasta allí se traslada desde su Pittsburg natal, a finales de los años 40. Con el tiempo, se convirtió en el eje de la ciudad, ni la afamada Estatua de la Libertad atraía tanto como lo hiciera Andy Warhol y The Factory.



Su forma de vida, y de banalizarlo y frivolizarlo absolutamente todo, la forma de llegar a las masas, era un líder nato, de convertirse en el eje sobre el que giraba la vida neoyorkina, hizo de este americano, el máximo representante del movimiento y sobre todo de una época. Una época y un artista que logró unir bajo un mismo techo, a las clases altas y a los chicos que buscaban 15 minutos de fama. 

En un momento marcado por el consumismo, no solo de marcas comerciales, sino también de artistas o cantantes, el Pop Art nació para mostrar la estética de la cultura popular y de los medios de comunicación de masas. Andy Warhol, se fijaba en productos de consumo como las latas de sopa Campbell pero también en personajes que el público enloquecido consumía: actores como Marilyn Monroe o Ingrid Bergman; cantantes como Elvis; políticos como Mao, se convirtieron en los protagonistas de sus obras. Personajes que utiliza para sus propósitos comerciales, a los que trataba como simple mercancías, sin importarle lo más mínimo el uso y abuso que pudiera hacerse de la imagen. Él mismo se convirtió en su propio producto y en una mercancía. Utilizaba su imagen constantemente como una marca más. Para que os hagáis una idea, la icónica imagen de Marilyn, la que le da la fama y con la que comienza a desarrollar la técnica serigráfica, la realiza pocos días después del suicidio de la actriz, ¿aprovechó el momento para buscar su propio prestigio? La imagen de la que se sirve para realizar la obra es una fotografía que había sido tomada en la grabación de la película Niágara de 1953. Mediante la reproducción seriada de esta y de otras imágenes fotográficas, Andy mostró el poder de la fama que tanto atraía a las masas. Y también de la muerte. Por eso no solo utiliza a Marilyn, también a Jackie Kennedy tras la muerte y en el posterior entierro de John F. Kennedy, quizá por la obsesión que sentía por la muerte que se acentuaría tras el intento de asesinato que sufrió por parte de una esquizofrénica llamada Valerie Solanas. 


Para realizar sus icónicas imágenes partía de una fotografía y empleaba la técnica de la serigrafía para reproducirlas en serie, como si de una cadena de producción fabril se tratase. Si el Pop Art era el estilo de las masas, también era lógico utilizar una técnica que mediante la reproducción en serie, abaratase costes y llegase a todos, la forma más democrática del arte fue la reproducción gráfica, mediante técnicas como el grabado o la serigrafía. Todos estos trabajos vieron la luz en The Factory. Un espacio de creación que se convirtió en el centro neurálgico de la vida artística y festiva de la ciudad. Allí Andy Warhol no solo creaba, también reunía a jóvenes artistas y cantantes, que bien empezaban sus carreras, o que ya las tenían consagradas como Mick Jagger o Lou Reed; escritores como Truman Capote, políticos, modelos y gente bohemia de la alta sociedad se daban cita en la calle 47 Este en el Midtown de Manhattan. Todos los que se acercaban hasta la 5ª planta del 231 formaban parte de un selecto grupo que buscaba el apoyo incondicional del artista en el lanzamiento de sus carreras. A él se acercaban buscando su fama. Una fama, que para ellos se convertía en efímera, ya que Warhol en cuanto se cansaba de ellos, que era bastante pronto, les sustituía por otro de los llamados Warhol Superstars. Por ello, en cierta ocasión, llegó a decir que "en el futuro todo el mundo tendría 15 minutos de fama".



The Factory, era el lugar donde todo podía materializarse, no existían reglas artísticas, la decoración del lugar ya marcaba la libertad de lo que allí podía hacerse, las paredes estaban empapeladas con papeles plateados. Era un centro interdisciplinar, lo mismo se grababa una película de marcado contenido sexual buscando la liberación creadora y humana, que se consumía LSD, se bailaba o Peter Hujar, representante de la contracultura neoyorquina fotografiaba a Warhol, a la vez que su equipo realizaba las serigrafías que le llevaron a la popularidad y que hicieron de él lo que aún hoy sigue siendo: el máximo representante de un estilo. Todo acompañado por la música en directo de The Velvet Underground, haciendo del lugar, el estudio más estrambótico pero genial del mundo de la producción. The Factory representa a la perfección el cambio por el que está pasando el mundo. Los límites entre las clases sociales se estaba rompiendo, y en The Factory, se materializaba esa ruptura. Se mezclaban elementos de la alta cultura y los de la contracultura (como el consumo de LSD). Los críticos y los artistas comienzan a preguntarse ¿Qué es el arte? ¿Qué objetos eran arte y cuáles no? y The Factory, estaba contribuyendo a la desmitificación de la obra impuesta, del arte oficial, abogando por la experimentación, y por los valores de la contracultura, que busca romper los cánones y reivindicar un estilo de vida muy alejado de los convencionalismos de clases. En The Factory todo estaba permitido, cualquier forma artística que surgiese de la capacidad creadora era aceptada, y más, si obviaba cualquier influencia de la alta cultura y se valoraba la subjetividad, la libertad y aquello proveniente de la subcultura, así como la exaltación de las formas socialmente no aceptadas. Seguramente, a pesar de ser un momento de experimentación y ruptura total de los límites, también trajo el empobrecimiento estético e ideológico del arte. Las obras que salieron de esta fábrica, eran demasiado excéntricas y banales, demasiado provocadoras, daban rienda suelta a la inhibición, a la loca creación, en muchos casos, pero también y en el caso de Andy, a obras demasiado comerciales las cuáles carecían del alma que debe tener una obra, para ser considerada arte. Elevó a la categoría de arte, no solo las latas de sopa Campbell, también las botellas de Coca Cola o las cajas de jabón Brillo, junto con el icónico símbolo del dólar.



Los temas más tradicionales como los paisajes, los temas de historia, sociales o costumbristas, fueron desbancados por objetos que encontramos en las estanterías de cualquier supermercado. Incluso la abstracción, comenzó a verse como una forma tradicional. Y en la actualidad, el consumismo nacido en los años 60, se ha hecho más evidente, y de la misma manera que Warhol utilizó productos de consumo masivos, nosotros, seguimos convirtiendo imágenes de marca en elementos, no solo de consumo, sino también de diseño. Y así, aunque no nos guste la música de grupos como AC/DC o los Rolling Stones, o el sabor del 7Up, llevamos puestas camisetas con esos logotipos. Camisetas que se estampan con la misma técnica serigráfica que utilizó Warhol para sus obras. La famosa lengua de los Rolling, que representa los cambios y la revolución social, y que muchos creen que fue creada por el propio Andy Warhol para el disco Sticky Fingers (1971), se ha convertido en un elemento fundamental que no puede faltar en el armario de cualquier mujer que quiera ir "a la moda". La boca carnosa del propio Mick, que nos muestra irreverentemente la lengua, fue diseñada por John Pasche siguiendo las ideas dadas por Jagger para el mencionado disco, formando parte de la contraportada en la que aparece un trasero masculino. Esta imagen, junto con la portada, si fueron diseño de Andy. En la portada vemos la parte central y delantera del cuerpo masculino, es decir su entrepierna, dentro de unos ajustados pantalones vaqueros o jeans, con una cremallera que se podía bajar, ya que la idea de Warhol consistía, en que una vez bajada, pudiese verse la ropa interior del modelo.

Portada y contraportada de "Sticky Fingers". (1971)
Si la contracultura buscaba separarse de lo formalmente establecido y aceptado, buscando vías de escape, The Factory encarnaba a la perfección el lugar dónde las normas podían saltarse ya que únicamente valía el momento, el ímpetu creador. Y así, Nueva York, estandarte de movimientos y estilos diferentes pero que compartían la búsqueda de lo novedoso o lo rompedor, durante las décadas siguientes, vería crecer y desarrollarse movimientos que seguían reivindicando la aceptación de los marginados. El Bronx se convirtió en el eje donde vieron la luz movimientos como el Hip Hop, que este año cumple 45 años de su nacimiento, debido a la valoración que hicieron del funk y del soul. El Hip Hop surge casi por casualidad, un 11 de agosto, cuando Cindy Campbell decide reunir a unos amigos en el 1520 de Sedgwick Avenue, en un edificio de ladrillo, que hoy aspira a convertirse en Patrimonio histórico. Allí, no solo se escuchó música, pinchada por el hermano de la joven Cindy, también se mezcló el Rap y el Break Dance. Y así, el "break", se convirtió en parte fundamental del Hip Hop. Una cultura que nació de la improvisación en una fiesta en un barrio marginal, para celebrar el inicio de las clases, se ha convertido, en la actualidad, en una cultura aceptada como tal a nivel mundial. Ha pasado de ser un movimiento contracultural, marginal y reivindicativo, a pertenecer a la alta cultura. Lo mismo que pasaría con otro arte callejero: el grafiti. Si el Pop Art se banalizó llegando a convertirse en un elemento de consumo más, los movimientos callejeros nacidos a partir de elementos que nada tenían que ver con la alta cultura, han llegado a convertirse en verdaderas formas culturales y sociales de expresión. Tanto es así, que la ciudad de los rascacielos, organiza tours por el Bronx y Harlem, para mostrarnos los lugares emblemáticos en donde nació y se desarrolló ese movimiento. Pero si queréis de verdad ver y escuchar Hip Hop, no hace falta que hagáis un tour organizado, solo os tenéis que dejar caer por Central Park cualquier tarde, afinar el oído y buscar el lugar donde unos chavales cargados con su radio como antes, nos dan muestras de lo que es el verdadero espíritu del estilo que contiene la esencia del Nueva York de los años 70. 



Si Estados Unidos fue el lugar donde se podían cumplir los sueños, The Factory fue donde se hicieron realidad.

viernes, 4 de mayo de 2018

Damien Hirst y los YBAs.


"For the love of God"
Damien Hirst

Las producciones artísticas de todos los tiempos, grosso modo y simplificando, se mueven entre dos aspectos: la creatividad unida a la originalidad, y la estafa o el plagio. Buscar la originalidad en el arte, sin caer en la extravagancia, es cada día más complicado, sobre todo cuando este valor de singularidad y unicidad, se ha perdido. Pero no son los artistas actuales los que huyen de la huella dejada por ellos mismos, ya desde principios del S.XX y sobre todo el arte que nace tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo estilos como el Op Art, buscaban la desacralización y la democratización del arte, acabar con el aura que le imponía la individualidad. Para ello se sirvieron de la técnica, de la producción en serie y por lo tanto de un taller lleno de ayudantes que realizaban esas obras. La idea residía en el artista, pero la ejecución recaía sobre un taller. Los grandes escultores y pintores de todos los tiempos trabajan de una manera similar, con los medios con los que contaban. Esta idea ha llegado hasta nuestros días de la mano de artistas como Takashi Murakami. Para ellos, la importancia que antes descansaba y residía enteramente en la obra, ahora lo hace en los procesos de producción, quedando esta como un objeto más. La finalidad de esta producción, reconocida por la estética que identifica al artista, pero altamente aséptica, es el mercantilismo artístico. Se busca generar dinero, algo que ya hiciera Andy Warhol en The Factory. De todos estos presupuestos, participa un personaje al que califican de excéntrico, pero yo creo que tiene más de embaucador, de cínico y de un hombre con mucha suerte. Este personaje no es otro que el británico Damien Hirst (Bristol, 1956). ¿Quién no ha oído hablar de él?

Damien Hirst no deja indiferente, no tanto por sus obras, más bien por sus actos pero sobre todo por sus declaraciones. Si queréis conocer realmente a un artista y el significado de sus obras leed las entrevistas que concede, las cuales, se convierten en un documento fundamental para acercarnos a ellos, incluso más que los catálogos expositivos. Estos únicamente nos acercan a la obra ofreciendo una visión muy sesgada. Las entrevistas dadas por Hirst son más relevantes que las obras que vamos a ver, es un maestro, no de la creatividad, pero si de la creación de expectación a través de sus palabras que generan polémica. Una polémica, que hace, que la importancia se aleje de la obra en si para centrarse en otros aspectos vinculados a ellas como el plagio, la producción en serie o la utilización de ayudantes u "obreros", como él les denomina, que las terminan. Podíamos pensar que todos estos aspectos devaluarían la producción artística y al propio creador, pero inexplicablemente, lo que provoca, es todo lo contrario: la revalorización de la obra y sobre todo del artista. Después de leer algunas de sus entrevistas, llegas a la conclusión que Damien Hirst no tiene ningún amor por lo que crea o recrea. Sus obras se compran no por lo que representan sino por quién la ha hecho. La obra es una transacción monetaria, un medio con el que hacerse millonario. Y lo ha conseguido. Está considerado el artista más rico del mundo. Pero ese encarecimiento, también lo ha conseguido manipulando el mercado artístico, que como todos sabemos, es el mercado más fuerte que existe, y las normas por las que este se rige. Hirst sabe que los marchantes y el mercado del arte son los encargados de marcar el rumbo del arte, de catapultar a la fama o despreciar a los artistas. Y por ello, debió pensar que lo mejor era controlar no solo su producción, también a los marchantes y las leyes del mercado para que su obra fuese valorada en términos económicos pero siempre al alza. Un juego especulativo que controla a la perfección. Para ello monta sus propias subastas en las cuales prescinde de marchantes e intermediarios. Ha llegado a cerrar Sotheby´s para montar sus propias subastas según su propia ley de la oferta y la demanda. Se habla de que muchas de sus obras son adquiridas por él a través de una sociedad de la que es miembro, para luego, después de revalorizarlas, venderlas, ahora sí, a clientes que nada tienen que ver con él, lo cual le genera un enorme beneficio económico y de prestigio. Todo el marketing que subyace en la compra y venta de las mismas, hace que la atención se desvíe de la obra como objeto artístico y se centre en su intrahistoria. Las críticas, por supuesto, no se hacen esperar, lo que le lleva a ser odiado y amado a partes iguales. 


"La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo"(1991).
Damien Hirst 
Entre sus obras más destacadas, valorizadas y revalorizadas, curiosamente destacan aquellas que son un plagio, su máxima "todas mis ideas son copiadas". Como los famosos puntos de colores de "Spot painting" inspirados en los de Larry Poons; o los animales conservados en formaldehído dentro de una enorme pecera. Su instalación más importante e icónica de su producción y de una época, tiene como protagonista a un tiburón: "La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo"(1991). Una instalación que tiene su origen en otra anterior, que lucía en el escaparate de una tienda londinense, propiedad de un artista y electricista llamado Eddie Saunders. La obra de Hirst fue adquirida por un multimillonario estadounidense, Steve Cohen,  por más de 9 millones de euros. Con ese precio nos tendrían que asegurar la eternidad de la misma. Pero años después, el tiburón comenzó a descomponerse, debido a la solución utilizada y Hirst, haciendo alarde del poco amor que siente hacia su producción, y hacia el arte en general e incluso me atrevería a decir, hacia el conocimiento de estilos, movimientos y postulados artísticos, llegó a decir que podía cambiarse por otro sin que la obra variase, debido a que, como es una obra conceptual, donde lo importante es el significado que da sentido a la obra y no el propio objeto, podría sustituirse por otro animal de la misma especie, sin que la instalación sufriese un cambio en su significado y valoración. ¿Curioso no? ¿Os imagináis que nos cambiasen "La Fuente" de Marcel Duchamp por otro urinario, alegando el mismo motivo? Probablemente nos llevaríamos las manos a la cabeza, ya que en el arte conceptual, aunque la importancia reside en la idea, pero es una idea que toma forma en el obejto primigenio y "original". Como vemos, Damien Hirst, también manipula a su antojo los conceptos, las ideas sobre las que debería asentarse su producción artística. Este tiburón no está exento de polémica. En 2007 fue trasladado al MET para ser disfrutado por los visitantes que se acercasen hasta el museo neoyorkino, para algunos críticos fue una estrategia publicitaria de su comprador para aumentar su valor, para otros, la estrategia provendría del museo para incremetar el número de visitantes, ¿realmente le hacía falta al MET el tiburón de Hirst, para conseguir ser foco de atracción o para mostrarnos la integración del arte de diferentes períodos?


Escaparate de la tienda londinense de Eddie Saunders.

Damien Hirst también hace versiones de obras de artistas como Francis Bacon, recreando sus famosos trípticos, en los que los protagonistas humanos son reemplazados por tres cadáveres de ovejas. "La tranquilidad de la soledad" (2006) recrea "Tríptico Mayo-Junio 1973" (1973). 


"Tríptico Mayo-Junio 1973" (1973)
Francis Bacon .

Esta obra fue realizada por Bacon tras el suicidio de su amante, George Dyer, de una sobredosis el día antes de la inauguración de la retrospectiva, que el Gran Palais parisino, le dedicó en 1971. Hirst también pretende realizar un homenaje, pero no al amante, sino al artista, demostrando las influencias que sobre él tuvo su compatriota, tanto en las formas como en la utilización de marcos tridimensionales tan habituales en los trípticos de Bacon. La obra de Hirst es mucho más dura visualmente hablando, mucho más narrativa y detallista. La utilización de cajas acristaladas que forman cada una de las alas de un tríptico, nos permite, por un lado, apreciar los elementos contenidos en ellas, y por otro, nos separa y distancia del drama que en su interior se representa. Es demasiado explícito y desgarrador a pesar de las mamparas que nos distancian.



"La tranquilidad de la soledad" (2006)
Damien Hirst
Hay muchas otras instalaciones de Hirst muy reconocidas como "The Phamarcy" (1992) y obras como "For the love of God". Bajo este título se esconde la famosa calavera humana realizada en platino y recubierta por más de 8.000 diamantes, realizada por un conocido joyero londinense Bentley & Skynner. Considerada la pieza de arte moderno más cara del mundo, está inspirada en otra azteca conservada en el British Museum. La compra de esta pieza, en la que el cantante George Michael estaba interesado, estaba supeditada a que el comprador la exhibiese en diferentes museos del mundo. ¿Amor por su obra, eso sí, creada por otros, o publicidad para su nombre?

"The Pharmacy" (1992)
Damien Hirst.

Curiosamente él que plagia y copia con descaro todo aquello que se cruza ante sus ojos, ha creado un Comité de Autentificación para evitar que sus obras sean falsificadas. Es cierto que una cosa es falsificar y otra lo que hace Hirst, pero su moral me parece discutible. Su idea es resguardar su nombre y el valor económico de sus obras. Obvio, no le importa blindar la idea ya que no es suya.


Exposición Sensation (1997)
Damien Hirst fue el precursor del grupo YBAs, quizá esto explica, en cierto modo, las ideas que aún hoy prevalecen en su obra, ligadas al marketing. En 1988 un grupo de jóvenes artistas pertenecientes al Goldsmith College of Art de Londres, comenzaron a desarrollar un tipo de obras en las que empleaban materiales, tan poco habituales, como animales muertos, excrementos o vello (la utilización de pelo no es novedosa la artista surrealista Meret Oppenheim ya había utilizado en 1936, en este caso pelo de animal, en "Desayuno con pieles"). La primera exposición que hicieron los Young British Artists (YBAs) fue Frezze, y la que les agrupó bajo el nombre por el que conocemos a este movimiento o grupo, que no llegó a constituirse como tal, fue Sensation (1997) en la Royal Academy of Arts en Londres. Los YBAs realmente fueron una marca, bajo la cual Damien Hirst, agruparía a otros artistas como Sarah Lucas, Angus Fairhurst, Marcus Harvy, Chris Ofili o Tracey Emin. Una marca que le debe todo al marketing y a la publicidad que la convirtió en un espectáculo y a sus artistas en los más cotizados, a pesar de que sus obras eran mediocres y pobres artísticamente hablando. Si YBAs fue la marca, ellos fueron el producto que se vendía, no sus obras. Un producto deseado por los coleccionistas de arte y buscado por el público sobre el cual ejercieron un gran poder de atracción. Y al igual que hoy nos preguntamos si la obra de Hirst es importante para el mundo del arte, también en esa década de los 90 se preguntaron si estos jóvenes artistas estaban dejando su huella en el mundo del arte, buscando la provocación al más estilo Punk, marcando una nueva ruptura con los cánones estéticos y artísticos del momento, o simplemente, eran un producto publicitario, provocador y muy banalizado, bajo una marca llamada YBAs. Quizá tuvo mucho que ver en su desarrollo y su valoración que el mentor de este grupo fuese Charles Saatchi, un publicista y coleccionista de arte. Jamás tuvieron un corpus teórico que les agrupase en unos ideales a desarrollar buscando con su arte crear algo nuevo o imponerse a la sociedad imperante que no les gustaba. En lo YBAs no hay nada de eso, lo único que les une es la idea de espectáculo y provocación, la utilización de materiales como he dicho antes, poco habituales en las Bellas Artes y la importancia del proceso en el hecho creador y no la obra como elemento importante que aunase sus ideas. Su forma de trabajar se ha puesto en relación con las ideas posmodernistas sobre todo en el uso de la provocación traspasando los límites de la decencia (aunque yo me pregunto ¿por qué tenemos que poner límites al arte?). Con sus obras y sus actitudes marcaron el desarrollo de una contracultura agresiva que ya estaba presente en Londres, a través del movimiento Punk, dos década antes.

Tracey Emin y Sarah Lucas en "The Shop".

Para poder comercializar su trabajo, a finales de los años 90, Tracey Emin (1963) y Sarah Lucas (1962) crearon The Shop en East London. Hay dos obras que se han constituido como iconos de este "estilo" londinense, una es el tiburón de Hirst y otra "My bed" (1998) de Tracey Emin.

"My bed"(1998)
Tracey Emin.

Se ha hablado de que la obra de estos artistas, incluso Hirst lo decía al hablar de su tiburón, se engloba en el Arte Conceptual. Pero hay una enorme diferencia entre estas obras y las que pertenecen al conceptualismo. Las obras conceptuales se crean desde una idea o desde un objeto, pero hay una transformación del mismo para que tenga el significado que el artista busca. Si observamos "My bed" podemos llegar a pensar que la artista partiendo de su propia cama ha creado un significado modificando los elementos. Si observáis la instalación encontraréis un lejano recuerdo en otra habitación ¿Sabéis cuál? (Podemos hacer un juego, dejad en los comentarios, si os apetece, la obra que os viene a la memoria después de ver la de Emin, me gustaría conocer vuestras ideas). Pues bien, nada que ver. Tracey Emin estaba pasando por una época de sexo desenfrenado que al día siguiente no recordaba, borracheras continuas, consumo de drogas, etc. Una de esas noches locas, al volver a su cama la observó y pensó que ese mueble deshecho, sucio, tóxico y corrosivo, lleno de botellas, preservativos, ropa sucia y otros objetos, estaba reflejando su mundo interior. Y esa cama despeinada, revuelta y arruinada, fruto de sus orgías, se convirtió en una obra de arte altamente cotizada. Como idea y paralelismo es genial, su mundo interior queda reflejado perfectamente, pero ¿dónde está la creación, la idea que lleva a realizar algo? ¿o el proceso de creación que ellos tanto valoraban?

Si Emin y Lucas crearon una tienda, Hirst da un paso más y crea su propio museo. Según el nos cuenta, el objetivo es acercar sus obras a toda la población, por eso, además, es gratuito. Podíamos pensar en un hecho altruísta de un multimillonario artista que a través del museo democratiza el arte, haciéndole accesible a todos. Pero conociendo sus declaraciones, más bien huele a egocentrismo. Para otros, en cambio, es una tapadera de otros negocios, idea que le persigue. Si tenéis la oportunidad de ir a Londres este verano, o en cualquier otro momento, pasaros por el "Newport Street Gallery", cerca del Támesis y difrutad del museo y de las obras. 


Newport Street Gallery

Hablar de Damien Hirst es hablar de copias, de estafa, de efectismo, de cinismo, de flirteo con el mercado del arte, de dominación, excentricidad y de burla hacia todos los agentes que entran en juego en el mercado y la visualización de la obra: el comprador, el crítico y hacia el público. Hablar de él y de los integrantes de YBAs es hablar de una nueva forma de entender el arte como negocio y generador de dinero, por encima de los valores que deben estar presentes en la producción, lo cual plantea dudas no solo sobre los artistas también y sobre todo, sobre los coleccionistas y los marchantes. Todos ellos entran en este juego que desvirtúa la creación y la valoración del Arte Contemporáneo. 
"El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas" (Marcel Duchamp)