viernes, 4 de noviembre de 2016

Recuerdos, fantasía y realidad en la obra de Paolo Ventura.

"War Souvenir"
"Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad", la frase le pertenece a Ray Bradbury, escritor norteamericano de obras como Gran Hermano, pero podía atribuírsela a Paolo Ventura, ya que sus imágenes beben de la fantasía que emana de los recuerdos y que cubre la realidad en la que vivimos inmersos, que como dice Ventura ya es "bastante aburrida".

"Homenaje a Saúl Steinberg" (Short Stories)

Paolo Ventura es un artista milanés que se marcha a Nueva York en busca de la inspiración que su trabajo como fotógrafo de moda, no le proporcionaba. Allí y tomando como recurso y fuente de inspiración un pequeño armario, comienza a dar forma a obras de arte que conjugaban el dibujo (donde plasma la idea, el concepto), la pintura y la fotografía. Obras que adoptan la forma de pequeños dioramas. Ventura se encarga de construirlo absolutamente todo: los decorados donde los pequeños muñecos (Barbie, Kent y muñecos de acción) cobran vida o la ropa que visten. Pero también compra en plataformas de Internet y en mercadillos el resto de objetos que necesitaba. Trabaja con la minuciosidad de un artesano, va al detalle, quizá porque en su primer trabajo como asistente de un fotógrafo, mientras estudiaba Bellas Artes en la Academia de Breda, se dedicó a fotografiar los pequeños objetos que había en el estudio. Los temas que plasma provienen de recuerdos. Recuerdos que están compuestos de nostalgia, fantasía y también una pizca de soledad, de esa soledad que se siente cuando evocamos otros tiempos. Los recuerdos le vienen de las historias que su abuela le contaba sobre la Italia fascista que vivió, de su padre, un gran narrador e ilustrador de cuentos, que amenizaba las veladas infantiles con historias. Pero también recuerdos propios de una niñez y adolescencia que pasó fuera de clase observando lo que pasaba en su ciudad y leyendo obras de Pasolini.


Sus obras se caracterizan por la creación de atmósferas, que como en el caso de la serie War Souvenir, nos recuerdan las películas de serie negra. Atmósfera que crea a partir de los juegos de luces. Luces que provienen de una lámpara de techo y también de las pequeñas lucecitas de Navidad con las que decoramos nuestros hogares y que a Paolo le proporciona tonalidades verdes y azuladas. Atmósferas que también nos trasladan, en esta serie, al Neorrealismo italiano, en donde las escenas eran filmadas en la calle para ganar más realismo pero también debido, a que los estudios de cine, habían sucumbido bajo las bombas de la 2ª Guerra Mundial. Paolo asimismo, nos sitúa en exteriores y añade a las fotografías un halo de imagen antigua que incorpora una capa más de realidad. Del realismo de esta serie, muy documentada pasamos a la fantasía, soledad e inquietud de Winter Stories, una serie de historias que nos trasladan al circo. En sus últimos 15 minutos de vida, el arlequín recuerda su pasado circense, quizá por ello las imágenes no trasmiten la alegría propia de este espectáculo, sino la nostalgia y cierta tristeza que está apoyada por un colorido plano, sin gradaciones tonales, muy tranquilo pero inquieto, a la manera de Antonio Donghi un pintor italiano del que Ventura se siente deudor. Nada tienen que ver con las pinturas que trataban el mismo tema de George Seurat. Viendo sus obras podemos encontrar en nuestra memoria visual, otros referentes como René Magritte, por el ambiente surrealista pero dentro de la cotidianeidad, diferente al onírico y automático practicado por Dalí; Edward Hooper por la evocación de la soledad y cierto desarraigo de los personajes. En las diferentes series vamos apreciando como se va desprendiendo de los datos que nos sitúan en el espacio y en el tiempo, para al final con pocos recursos tanto de decorados como de información añadida, deja que nosotros terminemos de crear las historias. Historias, que como en Short Stories, están integradas por fotogramas a los que les falta el movimiento para darles la vida de pequeñas narraciones cinematográficas. Una serie en la que abandona Nueva York para volver a su ciudad natal y con ella los dioramas. Ahora los protagonistas serán su hijo, su mujer, su hermano gemelo y el propio Paolo. El punto de unión de esta serie, compuesta por 12 historias, será la pérdida y el abandono de las personas a las que uno quiere o incluso de uno mismo cuando crece y va perdiendo al niño que fue, como se aprecia en "Homenaje a Saúl Steinberg". Es una serie muy sencilla y simple que repite recursos como la utilización de la maleta o las ciudades anodinas y monocromáticas en las que únicamente aparece como referente un cinema, pero es un referente falso ya que no nos sitúa en ninguna ciudad concreta. Son ciudades imaginadas, inventadas e invisibles como las creadas por Italo Calvino y que Marco Polo describía al Kublai Kan. Solamente la niebla nos da una pista de donde se desarrollan todas estas historias inventadas: en la zona norte de Italia en la que Paolo reside.

"El lanzador de cuchillos" (Short Stories)
Sus fotografías están no solo  llenas de sus recuerdos, también de la tradición italiana cinematográfica, estética y artística. Así como evocaciones a temas ya tratados por otros artistas, como la mujer desolada y abatida que aparece en "El lanzador de cuchillos" y que irremediablemente nos recuerda a "El ajenjo" de Edgar Degas, "La bebedora de absenta" de Picasso pero también la de Tolouse Lautrec. Mujeres que se pusieron de moda en la segunda mitad del S.XIX, y que frente a la copa medio llena y a una botella medio vacía se abstraen del mundo que les rodea pensando en el mundo interior que las atormenta. Mujeres angustiadas y solas.



Aunque Paolo se retiró del mundo de la moda, en la actualidad ha trabajado para una marca italiana de ropa, siguiendo la estética de Short Stories.

Estas 3 series se pueden ver por primera vez en nuestro país, en la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito en Valladolid, gracias al matrimonio Cotroneo. Junto a ellas un diorama al que debemos asomarnos por un pequeño orificio y descubrir sin ser vistos la escena que se desarrolla en su interior, tal y como Paolo y su hermano hacían cuando acompañaban a su abuela a vestir a los vecinos difuntos.

Una exposición dividida en dos salas, que se aconseja ver empezando por la más pequeña, siguiendo así un recorrido cronológico por el que vamos pasando de más a menos para terminar convirtiéndonos en "inventores" de finales. Esta sala pequeña está dividida a su vez por una especie de cortina formada por las chaquetas, vestidos y abrigos utilizados por Paolo en Short Stories, pasada la cual accedemos al espacio dedicado al diorama, una serie de vitrinas con más información y un vídeo final donde el propio Ventura nos cuenta como hace los dioramas.

Una exposición muy aconsejable!!


Información práctica:
Sala Municipal de Exposiciones de San Benito
De martes a domingo de 12 a 14  y de 18:30 a 21:30 h.
Hasta el 11 de diciembre de 2016


lunes, 24 de octubre de 2016

Rosa es una rosa es una rosa


Gertrude Stein, Alice Toklas y Basket
La Historia del Arte está llena de nombres que han marcado el devenir de los distintos estilos, etapas o movimientos que se han ido dando a lo largo de los siglos. Nombres de pintores, escultores, arquitectos o escritores, que con su nueva visión de ver y entender las formas plásticas las hicieron evolucionar al ritmo que también iba marcando la historia, los cambios políticos, los gustos o los marchantes y clientes. Nombres, que en su mayoría, pertenecen a hombres. Pero dentro de ese círculo restringido, también destacaron el de mujeres que hoy vamos conociendo: Sofonisba Anguissola en el Renacimiento, Artemissa Gentileschi  en el Barroco... También en nuestro país hubo mujeres artistas como Luisa Roldán "La Roldana", escultora de cámara por Carlos II y posteriormente por Felipe V. A partir de ese momento comenzará a firmar las obras con su nombre.



Más avanzado el tiempo, la presencia femenina, se irá convirtiendo en "habitual" en los círculos artísticos, sin que tengan que depender de un padre o un marido que las avale, como es el caso de María Blanchard que, junto a Juan Gris, dieron el impulso definitivo al cubismo sintético. Un movimiento del cual, aunque desarrollado en París, Gertrude Stein diría que es típicamente español. Esta americana afincada en la ciudad de la luz, tendrá un papel fundamental en el desarrollo y consolidación del arte moderno por su papel como coleccionista, marchante y anfitriona en tertulias. Aglutinó en torno al salón de su casa, a los que se convertirían en los más destacados artistas de un período tan convulso como los momentos previos y posterior desarrollo de la Gran Guerra.

Hermanos Stein
Gertrude Stein llega a París desde Estados Unidos en 1903, siguiendo los pasos de su hermano Leo, el verdadero coleccionista y el mejor conocedor del arte del S.XX. Pero quién les anima al coleccionismo, no es otro que su hermano mayor Michael, proporcionándoles el dinero acumulado en sus fideicomisos. Los Stein favorecieron la compra de obras de artistas consagrados, pero sobre todo, posaron sus ojos en aquellos que el Salón Oficial de París cercenaba por considerarlos demasiado transgresores. Su talento para descubrir a estos jóvenes artistas hizo que se convirtieran en unos de las mayores coleccionistas de arte moderno de su época. A eso hay que unir que, la obra de los que consideraban los cuatros grandes: Manet, Cézanne, Renoir o Degas, y que decoraba el salón de su vivienda en el Barrio Latino de París, estaba adquiriendo en la venta un gran valor, escapándose ya de sus posibilidades económicas. Esta es la razón última por la que se decantaron hacia nuevas promesas.

Pero al igual que su pasión por el arte unió a los hermanos Stein, también llegaría la ruptura. Leo apostó y vio en el Fauvismo una nueva revolución artística, apostando por Matisse y su obra. Un gusto que no contagió a Gertrude más partidaria del joven Picasso. Gertrude fue una mujer adelantada a su tiempo, prefería las nuevas formas del malagueño y de Juan Gris, del cual dijo que era su heredero natural. Gracias a ella Picasso fue conocido en todos los ambientes vanguardistas de la capital francesa. En ellas, veía el paso definitivo que la modernidad necesitaba, impregnadas no sólo de técnica sino también de formas mucho más revolucionarias que hicieron, que en la actualidad, su importancia y carácter sigan siendo considerados abanderados de un momento tan destacado. Quizá, porque ella fue una más del círculo cubista, entendiendo como ellos, los preceptos de un movimiento que es tan personal como artistas forman parte de él. Pero también, su fuerte personalidad transgresora y excéntrica era la apropiada para este incipiente movimiento. Una personalidad que se puede asimilar a las formas cubistas que se unían en creaciones originales, en las cuales se eliminaron las tres dimensiones, optando por composiciones que se desarrollaban en un plano, eso sí, vistas desde múltiples puntos de vista, que no hacían otra cosa que obviar el punto de fuga que había caracterizado el logro de la perspectiva lineal desde el Renacimiento. Gertrude era así, original, independiente como las diferentes perspectivas de un lienzo cubista, pero al mismo tiempo integrada en una sociedad que la amaba y odiaba a partes iguales. Los diferentes colores que matizaban su vida de una forma arbitraria, eran los mismos que el cubismo se encarga de difundir sin agarrarse a los convencionalismos de una sociedad que estaba dejando a un lado la tradición.

El lugar de intercambios de todas las ideas que iban surgiendo, como apuntaba antes, era el salón de su casa parisina, ubicada en el 27 Rue de Fleurus, en Left Bank. 


Allí, y a imitación de las tertulias que se llevaban a cabo en los salones de los hogares franceses del S.XVII, se dieron cita artistas de todas las disciplinas. Al frente de aquellos primeros salones estaban mujeres, las cuales se erigieron en las verdaderas impulsoras de estos lugares de esparcimiento cultural heredado del S.XVI, donde el tema predilecto de conversación era el literario. Mujeres que dieron nombre a cada uno de ellos. El primer Salón fue el de Madame Rambouillet en los primeros años del S.XVII. La importancia de la mujer era tal, que los diferentes escritores que con sus obras darían paso a la modernidad, se acercaban a ellas a través de las tertulias que ofrecían en sus salones decorados y tapizados para la ocasión. El objetivo, es que su talento fuese reconocido, ya que otorgaban a las mujeres la capacidad de influir en los juicios de sus contemporáneos. Ellas, decían, estaban dotadas de unas cualidades verbales de las que los hombres carecían. En Gertrude Stein vemos a una de aquellas damas burguesas. Como ellas, convirtió su casa en un verdadero reducto de modernidad, en un momento donde los cambios se sucedían muy rápidamente. Pero su Salón era una mezcla de pintores y literatos como Ernest Hemingway, Ezra Pound o Francis Picabia entre otros. Americanos y europeos se daban cita los sábados. Nunca antes las artes estuvieron tan bien relacionadas entre ellas, entendiendo que la obra de arte total abarca todo. En su salón, objeto de visita por las obras que decoraban sus muros, se hablaba de pintura, de literatura, de la sociedad y de los sucesos parisinos y del mundo. Un lugar de intercambio de ideas, de amistades, enemistades y rivalidades como la que enfrentará a Picasso con Matisse, debido a los recelos que en el malagueño levantaba la obra del pintor fauvista. Entre todas las obras del Salón Stein, destacaba "Mujer con sombrero azul" de Matisse, objeto de los celos de Picasso reclamando que ese sitio fuese ocupado por sus ahora afamadas "Señoritas de Avignon". Mientras Gertrude charlaba con los hombres sobre lo divino y lo humano, su compañera, amante, secretaria y biógrafa, Alice Toklas distraía a sus acompañantes femeninas, preparaba recetas imaginativas para invitados que también lo eran, pero también la innovación se adaptaba a las carencias de productos en los mercados, debido a la guerra.
"Mujer con sombrero" Henry Matisse
Y así, entre conversaciones, escritos, lienzos y recetas, el arte se fue abriendo paso, no sólo por parte de todos aquellos que allí se congregaban sino también a través de las composiciones a las  que Gertrude iba dando forma. Escritos extravagantes y rebeldes donde indagaba en nuevas formas literarias. Ambas, porque no se puede entender a Gertrude sin Alice, acogieron a aquellos escritores que bautizaron bajo el nombre de La generación pérdida. Y ambas contribuyeron a que ese rico y fructífero período lo fuese un poco más. 

Junto a ellas hubo otras cuyos nombres han quedado olvidados y que comienzan a recuperarse, como la arquitecta y diseñadora de interiores Eileen Gray. Su obra quedó eclipsada por la de Le Corbusier y su deseo de no pertenecer a ningún movimiento o escuela como la Bauhaus. Hasta hoy, su valoración, venía avalada como interiorista, pero la obra de esta irlandesa está siendo revisada y su papel en la arquitectura sacado a la luz. Mujeres, que en su mayoría, no seguían los cánones establecidos para ellas, mujeres fuertes que luchaban contra corriente tanto en su vida pública como personal, que no quisieron supeditarse a la voluntad que imponía la sociedad de realizar obras que fuesen decorativas. Y esa fuerza la imprimieron en su obra ya sea pintura, escultura, arquitectura o el mundo de las letras, reivindicando con y a través de ellas un sitio en el mundo de la creación.

Quizá la pequeña de los Stein no llevó a París ni se impregnó del glamour de la ciudad del Sena, pero dejó una gran impronta de la cual hoy se sigue hablando.

En 1906 mientras Picasso seguía inmerso en la “etapa rosa”, Gertrude Stein le encarga su autorretrato, una obra que traerá más de un quebradero de cabeza a artista y a modelo, de la cual ninguno quedará conforme, máxime cuando Gertrude, en un arrebato, se cortó el pelo sumiendo en la desesperación al malagueño. Pero esa es otra historia... ¿O no? ¿O quizá nos habla de la fuerte personalidad de una mujer que elige ser representada como tal y no como hasta entonces lo habían sido las mujeres en marcados estereotipos?


sábado, 1 de octubre de 2016

Oliviero Toscani y Luciano Benetton ¿un matrimonio por amor o por conveniencia?


"Actualmente, los medios de comunicación son como los refrescos: sirven para aplacar la sed, pero no tienen calidad ni nutren". Así define Oliviero Toscani lo que en la actualidad se hace en publicidad. Una publicidad muy alejada de la revolución que él inició en 1982 cuando comenzó a trabajar con y para Luciano Benetton. Campañas que le dieron la fama y que hicieron que la marca de ropa italiana se extendiese como la pólvora por multitud de países, en ocasiones los mismos que le vetaban sus campañas. Comenzaron a surgir entonces voces a favor y en contra de este gurú de la publicidad, a pesar de que Toscani se considera un fotógrafo y no un publicista, sobre todo voces en contra que provocaron el efecto contrario al que buscaban. A pesar de que muchas de ellas fueron retiradas de las vallas publicitarias, se seguía hablando de aquellas imágenes transgresoras que atacan la doble moral de los diferentes países. Sus fotografías huyen de los convencionalismos, de los contrastes de luces y sombras para centrarse en el mensaje de un realismo sobrecogedor, englobándose dentro del realismo documental. Provocador será el calificativo que desde entonces irá unido a su nombre y su era la de la "provocación Toscani". Sin Benetton no hubiese existido Toscani y viceversa, al menos de la forma en que hoy les conocemos.

Oliviero Toscani hizo que el mundo de la publicidad cambiase, puso en el punto de mira no solo los problemas que acechaban al ser humano tales como el racismo, el sida, las guerras, la mafia o la anorexia, también hizo que por primera vez el receptor del mensaje contase. Un receptor que iba a interpretar lo que veía según sus propios prejuicios, su forma de ver la vida y el entorno socio-cultural en el que se encontrase. Por eso, para este fotógrafo milanés, la provocación está en el que mira y no en el que toma la imagen. Cuando Toscani habla sentencia y así lo hace cuando dice que lo impactante no es la imagen, lo impactante es la realidad. Realidades que incomodaban a la sociedad más conservadora pero que agradaban a otros sectores que las galardonaban con grandes premios como el Gran Prix que le concede la UNESCO o el Gran Premio d´Affichage.

Campaña 1991

Galardonado y criticado a partes iguales, sus fotografías denunciaban a una sociedad racista a través del abrazo de dos niños uno blanco y otro negro que algunos han querido interpretar como ¿un ángel y un demonio? Pero también el mundo de la moda, algo tan íntimamente ligado con Italia, a través de la imagen de una joven modelo francesa, Isabella Caro, que nos mostraba su cuerpo desnudo, sacudido por la anorexia, para lanzar un mensaje crítico y de concienciación, sobre los efectos adversos de los trastornos de la alimentación. Un mensaje que tanto la marca de moda Nolita, para la que se realiza la fotografía, como el Ministerio de Sanidad italiano y diseñadores destacados como Giorgio Armani respaldaron. Esta campaña se lanzó en un momento muy concreto, como todas las que realizará, el momento en el que, en París y en Milán, se debatía sobre las tallas minúsculas que llevaban las modelos y previo a la celebración de la Semana de la Moda de Milán. Pero Toscani y Benetton también se unieron para hablar de la guerra de Yugoslavia y lo hicieron a través de las ropas de Marinko Gagro, un joven que cayó abatido por la inutilidad de las balas. Su camiseta ensangrentada en la que se podía ver aún la huella que dejó la bala al entrar en su cuerpo, junto con la carta que su padre dirigió a Toscani y que utilizará como recurso en el anuncio publicitario, impactaron a la sociedad. Nadie permitió que unas imágenes que buscaban la paz tuviesen difusión, la doble moral de instituciones y mandatarios que favorecen las guerras proporcionando armas, pero que se sorprenden cuando ven las consecuencias de esos actos, quedó una vez más de manifiesto. Toscani quiso que el cuerpo del joven combatiente quedase reflejado en la posición que adoptaron sus ropas. Tras ello, Oliviero mandará a un periódico independiente de Sarajevo, una carta condenando la violencia. En 1995, un año después de la polémica imagen, United Colors of Benetton comienza a vender su ropa en la antigua Yugoslavia ¿oportunismo?

Andy Warhol y Oliviero Toscani

Colores planos, tomados de las serigrafías que Andy Warhol reproducía en serie en The Factory,  luces artificiales y encuadres frontales son los recursos que utiliza una y otra vez para mostrarnos la otra cara de la vida, la del SIDA por ejemplo, pero no solo a través de la famosa imagen de David Kirby de la cual se adueñaron este dúo todavía bien avenido, sino también utilizando preservativos y partes del cuerpo tatuadas con las iniciales H.I.V. y la palabra POSITIVE, recurso que nos habla de la forma más habitual de contagio de esta terrible enfermedad. Pero también el sufrimiento de jóvenes que decidieron tatuarse esas palabras para lanzar un órdago a la comunidad que les rechazaba como a los apestados de la Edad Media, por ser portadores de una enfermedad desconocida y letal.

Campaña 1993-4

Pero todo lo que empieza acaba y así también lo hizo la relación de Toscani y Benetton. La empresa creadora de ropa colorista y divertida destinada a jóvenes, no se había olvidado de que las ventas eran su objetivo, a pesar, de que en sus anuncios cada vez veíamos menos ropa que era suplida por su imagen de marca. La sentencia de muerte la firma con la serie "Condenados a muerte" (campaña 1999-2000) donde 28 presos de los corredores de la muerte de las cárceles estadounidenses mostraban sus rostros. Benetton podía permitirse el lujo de provocar en Europa pero Estados Unidos era un mercado demasiado fuerte como para andarse con fanfarronadas.

En la actualidad el provocador y excéntrico Oliviero Toscani, está retirado del mundo de la publicidad y dedicado a un proyecto "Raza Humana" en el que pretende hacer un estudio antropológico de los seres que pueblan la tierra y que será la única obra destinada a un museo. 

Si queréis disfrutar de las imágenes que marcaron una época y un antes y un después en la publicidad  acercaros a la Sala Municoal de Exposiciones de San Benito en Valladolid. Bajo este sugerente título  "Oliviero Toscani. 50 años de magníficos fracasos", se agrupan aquellas icónicas imágenes que han quedado en la retina de muchos de nosotros y también en la conciencia atacada de muchos otros.



Información práctica:
Sala Municipal de Exposiciones de San Benito
De martes a domingo de 12 a 14  y de 18:30 a 21:30 h.
Hasta el 16 de octubre.





lunes, 12 de septiembre de 2016

Caminos a la Modernidad: un coleccionista en busca de exposición.

El coleccionismo es uno de los factores que se encuentran en el origen de la formación de los museos, junto con la Ilustración derivada de la Revolución francesa que proporciona además el concepto de Patrimonio accesible a todos. A estos dos hechos tendríamos que unir otros elementos que completarán el nacimiento de la institución museística. El comienzo de dicho coleccionismo se sitúa con el saqueo de Babilonia en el 1595 a.c. Pero será con el Imperio Romano cuando adquiera gran importancia desarrollándose a lo largo de los siglos hasta llegar al nuestro. En la actualidad, debido a que el concepto de museo se ha ampliado, todo es coleccionable. Se ha pasado de un coleccionismo de propaganda política y de demostración de la grandeza del pueblo conquistador, a un coleccionismo como inversión de capital. Los coleccionistas ya no son solo filántropos, amantes de las artes que deciden invertir por el simple placer estético, sino que también son hombres o mujeres de negocios que invierten su capital como si de un negocio más se tratase, teniendo un valor asegurado y consiguiendo importantes beneficios fiscales.

Gabinetes de curiosidades o wunderkammer

No hay que confundir coleccionismo con mecenazgo ya que un coleccionista no tiene porque ser mecenas, ni "apadrinar" a artistas; en cambio los mecenas normalmente son también coleccionistas. Como ejemplo, muchos de nuestros monarcas como Carlos V que protegió a artistas como Tiziano al que nombrará miembro de la nobleza o familias como los Médici que apoyaron a Masaccio o al inigualable Miguel Ángel, también perosnajes de la iglesia se unirá al fervor coleccionista y de mecenas. Fruto de todo ello se van generando colecciones que en el caso español darán lugar a los Museos estatales, el primero de ellos el Museo del Prado en cuyo origen se encuentra las obras provenientes de las colecciones regias. Dando un salto en el tiempo podemos citar a dos grandes mecenas y coleccionistas: Peggy Guggenheim y Gertrude Stein.

Gertrude Stein en su casa de París y Peggy Guggenheim en Venecia

En la actualidad tenemos más coleccionistas que mecenas, entre ellos destacan Pilar Citoler, María Josefa Huarte que impulsó el Museo de la Universidad de Navarra, Leopoldo Rodés que presidió la Fundación del MACBA o Plácido Arango donante de grandes obras maestras de su colección al Museo del Prado. Pero en el transcurso del tiempo, también destacaron otros, como el pintor Santiago Rusiñol. Entre sus facetas destaca la de coleccionista iniciándose como tal, en el taller de su maestro Tomás Moragas. A Rusiñol le debemos la recuperación de la figura del Greco, debido a la gran influencia que sobre él ejerció Ignacio Zuloaga. Del artista cretense, adquirirá en 1894 y en París, dos lienzos: Las lágrimas de San Pedro y la Magdalena penitente. Obras que tuvieron un papel destacado en la Tercera Feria Modernista en Sitges, convirtiendo al Greco en fuente de inspiración modernista. Pero a la vez Rusiñol y Zuloaga se convirtieron en coleccionables, sus obras de gran valor plástico y representativas de una forma de vida, de una estética y de un período tan importante en la Historia del Arte, se encuentran en las más importante colecciones. Obras que atesora también un coleccionista alemán afincado en España: Hans Rudolf Gerstenmaier, que ha prestado su colección a la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid. Gracias a ello hasta el 16 de octubre podemos disfrutar de la exposición Caminos a la Modernidad. Pintura española de los siglos XIX Y XX, en la Sala Municipal de Exposiciones del Museo de La Pasión.

"Montañas de Montserrat con nubes"
Anglada Camarasa 

La exposición trata de hacer un recorrido por las temáticas más destacadas del momento: retratos, iconos de la España más tradicional como los toreros o las mujeres con mantilla y abanico, paisajes que enlazan directamente con las ideas que desarrolla la ILE, Francisco Giner de los Ríos y la Generación del 98. El paisaje cobró una gran importancia con las teorías regeneracionistas e institucionistas, convirtiéndose en el eje de la evolución de la pintura moderna como elemento innovador y campo de experimentación. El paisaje evocaba elementos poéticos, no se trataba de copiarlo o mitificarlo, más bien de plasmar el potencial cultural e identitario. Y todos o la mayoría de nuestro pintores y literatos expresaron y captaron la belleza y el vacío infinito del paisaje, Sorolla recorriendo España, Joaquín Mir en su particular estilo que a veces nos da por comparar con el Impresionismo, presente en la exposición o Unamuno proclamando "el paisaje tiene alma y mi alma tiene paisaje". Así encontramos los lienzos del gran paisajista y coleccionista Aureliano de Beruete, el cual ejerció una gran influencia sobre Sorolla o de su colega Carlos de Haes con el cual compartirá estudios en la Escuela de Bellas Artes. Y junto a las vistas de campos y campiñas se entremezclan las de ciudades, siguiendo la estela de las vedutes que desarrollaron Canaletto y Guardi en el s.XVIII y recuperadas ahora por artistas como Martín Rico Ortega. Jenaro Pérez Villaamil con su "Interior de la Iglesia de San Juan de los Reyes" o Eugenio Lucas a través de una capea, nos introducen en la visión más "romántica" de España. Autores todos relacionados entre ellos que nos describen un corpus ideario de fines del SXIX y principios del siguiente siglo.

"Tánger"
Mariano Frotuny 
Obras interesantes, una lista de autores destacados, fundamentales en ese paso de siglo, sin duda, pero se me plantea una duda ¿realmente se puede montar una exposición con las obras de este tipo de coleccionistas? Es cierto que hay una representación de lo que se hacia en la época y de la importancia que adquirió el paisaje. Pero al contemplar la exposición lo que veo es una serie de obras de un período sin ligazón, sin un mensaje, una simple acumulación de lienzos de diferentes temas. Tengo la sensación de que es un coleccionismo de oportunismo, es decir, de comprar aquello que está al alcance pero sin seguir unas pautas o una dirección y crear itinerancias en diferentes salas. ¿Cual es el mensaje que da unidad a la exposición? ¿Cómo se pasa de un grupo de obras de un tema a otro? Pues... eso no existe, no hay un montaje que de coherencia, que al terminar de ver la exposición quede claro. Y eso se produce porque no existe montaje, las obras se suceden unas detrás de otras, decoran las paredes, los rellanos de las escaleras, pero nada más. La iluminación es idéntica para todas, excepto en la sacristía iluminada con una luz tenue que al menos ambienta. Es la típica exposición que se realiza para atraer masas en un momento muy concreto, el de la vuelta a la rutina después del verano y en el que la ciudad al celebrar sus fiestas va a estar llena. Dos datos muy importantes a tener en cuenta en la planificación de una exposición. Imagino que el plato fuerte se reserva para los meses siguientes, momento de calma donde ya estamos instalados en el día a día.


Es una muestra que agrada a aquellas personas a las que gusta el realismo, lo que yo denomino los cuadros de flores y jarrones y que no buscan nada más, solo que su mente a través de sus ojos reconozca lo que ven. Por supuesto que yo aconsejo ir a verla ya que las obras en sí merecen la pena, pero no esperéis salir de allí sabiendo cuál fue el camino que nos condujo a la modernidad o quién o quiénes inspiraron ese camino, a pesar de que están presentes o cuáles fueron las influencias, las ideas que pretendían desarrollar a través de los lienzos y que no era solo estética sino ante todo intelectual. Es una pena, ya que hay obras de buena calidad, las relaciones que se establecieron entre muchos de estos pintores con el resto del ambiente cultural es importante y queda obviado, a pesar de las citas literarias que se reflejan en las paredes. El papel del Comisario está para algo más que para proporcionar coleccionistas, está para idear la forma de que lo que se quiere transmitir llegue, sin necesidad de que existan intermediarios que lo cuenten, que por otra parte se agradece pero que son el complemento de la exposición, no el eje de ella. Debe crear un ambiente, un recorrido, contextualizar, agrupar en función del mensaje que en este caso no sería otro que la modernidad o también las relaciones de todos estos artistas o el ambiente cultural del momento que viven, etc. Obras y artistas que tienen mucho que ver con la exposición que precedió. Habrá muchas exclamaciones de "¡qué bonito! pero ¿ese es el sentido último? A pesar de los diferentes niveles de información que tiene que lanzar un buen montaje el de ¡qué bonito! no se contempla o al menos no solo de esa manera.





Información práctica:
Sala Municipal de Exposiciones Museo de La Pasión
De martes a domingo de 12 a 14  y de 18:30 a 21:30 h.
Hasta el 16 de octubre de 2016.

martes, 30 de agosto de 2016

El Bosco en el Museo del Prado: la Exposición.

Hace unos días escribía una entrada sobre el Bosco, hoy lo hago sobre la exposición que el Museo del Prado, en colaboración con la Fundación del BBVA y coincidiendo con los 500 años de su muerte, dedica a su obra y a su figura en el mundo del arte: "El Bosco. La exposición del V Centenario".
Extraordinario el pintor holandés, extraordinaria la exposición, pero también la pequeña guía que acompaña la muestra y que nos da alguna pista de las obras a las que nos enfrentamos, la cual si no queremos llevárnosla a casa, en la salida está dispuesto un buzón para reciclar, un buen guiño a la conservación del medio ambiente. Quizá no tan extraordinario el aglomeramiento de personas, pero eso se esperaba, lo positivo de todo eso es que solo se paraban frente a dos obras: "El tríptico del carro de heno" y el archifamoso "Jardín de las delicias", en el resto de las obras aún siendo igualmente de el Bosco, se podían contemplar, fijarse en los detalles y exclamar "¡qué maravilla!" sin que nadie entorpeciese nuestra visión. En las dos anteriormente citadas, con un poco de paciencia también uno lograba colocarse frente a ellas para intentar trasladarnos a principios del S.XVI y dirimir los significados de esos extraños personajes que pueblan sus lienzos.

La exposición se articula en torno a 7 secciones y 53 obras entre lienzos y dibujos realizados no sólo por el Bosco sino también algunas son obras de taller, otras pertenecen a sus seguidores y a artistas de los Países Bajos contemporáneos suyos, así como radiografías que nos muestran secretos escondidos bajo estas magníficas obras. Durante este recorrido nos adentramos a través del mercado de telas de Hertogenbosch en su ciudad natal contextualizando así su figura. Es interesante ver cómo resolvían la perspectiva los flamencos en el primer cuarto del S.XVI, un triángulo que sin llegar a construirse como líneas que convergen en el horizonte en el punto de fuga nos muestran los intentos de la perspectiva lineal característica del Renacimiento y la utilización de un punto de vista alto, mezclando así dos visiones diferentes. 

"Mercado de telas de Hertohenbosch" (1530)
Anónimo flamenco
La siguiente obra es el retrato de Jheronimus van Aken, como no podía ser de otra manera, conocer y poner cara a nuestros artistas nos ayuda en cierto modo a entender el por qué de su arte. Las 6 siguientes partes están centradas en la Infancia y vida de Cristo, Los Santos, Del Paraíso al Infierno, el Jardín de las Delicias, el mundo y el hombre: Pecados Capitales y obras profanas y La Pasión de Cristo. Un recorrido temático que nos introduce en la mente y creencias vigentes durante el final del S.XV y los primeros años del siguiente siglo. Un recorrido adecuado a un pintor del cual se carecen aún de muchos datos, por lo tanto se hace más adecuado este tipo de recorrido y no uno cronológico, que según mi opinión, está destinado a aquellos pintores que van evolucionando en su pintura, hasta alcanzar el estilo que les define. No es que el Bosco no evolucione, pero lo más significativo de su obra, ese estilo, aparece en sus primeros lienzos. Podíamos caracterizarle como un pintor de evolución rápida. Quizá el recorrido se hace un poco caótico por la abundancia de gente, a pesar de que cada una de las partes está introducida por un breve texto, pero el itinerario dentro de cada una de las partes no estaba demasiado claro, en ocasiones circular, en otras lineal. Una buena idea ha sido alargar hasta la pared las peanas en las que se colocaban las obras cumbres, dirigiéndonos en el camino recomendado. Las obras mas conocidas se convierten en foco de atención obviando al resto y por lo tanto, la ruta que daría sentido a cada una de las secciones. Obras que  exentas nos mostraban, no solo que eran las más destacadas, sino que nos permiten observar los motivos en grisallas visibles cuando el tríptico se cerrase.


Lo que más nos ha llamado la atención de las obras del Bosco, además de los personajes protagonistas de cada uno de los lienzos, son los colores. Y por qué los colores más que los personajes, pues quizá porque estos seres que escapan de los ríos para poblar la tierra o convertirse en naves que surcan los cielos, mejillones de gran tamaño que devoran hombres, fresas que alojan también personajes de los cuales en su mayoría solo vemos las piernas (fijaros en los lienzos del Bosco la importancia que da a las piernas, en ocasiones no existen cuerpos son solo piernas unidas a cabezas que a veces incluso carecen de rostros), orejas que caminan solas con cuchillos entre ellas, o búhos que nos miran insistentemente. Todos ellos han sido reproducidos mil y una vez, pero el color por muy buena que sea la publicación en la que veamos estas obras, jamás reproducirán la viveza de unos rosas magníficos, los naranjas con los que en la mayoría de sus obras nos muestra un incendio (la ciudad del Bosco se incendió quedando marcado en su mente para siempre y por ello lo reproduce una y otra vez), azules y verdes que se nos escapan a la reproducción real de los mismos. Son colores vívidos que desprenden una gran vibración tonal, con contrastes que marcan las diferentes partes del lienzo para indicarnos momentos agradables como cuando uno está en el Paraíso o desagradables como cuando por nuestros pecados nos vemos obligados a habitar el infierno. Pero tampoco hay que olvidar la técnica que en ocasiones, en los vestidos de algunos de sus personajes, reproducen las telas encoladas tan características del gótico escultórico. 

"El hombre-árbol" (1500-1510)
Algunas de las obras, como sabemos forman parte de la colección permanente del Museo del Prado, pero la ambientación es diferente y aunque las hayamos visto en las visitas al Museo, ahora adquieren otro protagonismo y significado. Las exposiciones temporales se han convertido en el motor de los grandes museos a través de las cuales consiguen grandes números de visitantes y de ingresos, convirtiéndose en un instrumento perfecto de marketing de la institución. Se genera numeroso merchandising como el catálogo, pero también otros que reproducen hasta algunos de esos extraños seres en peluche, abanicos, fundas de móviles, chocolates y galletas, todo aquello que nos podamos imaginar y que sea susceptible de convertirse en objeto de recuerdo para niños y mayores. En torno a ellas se crean diferentes actividades, que sirven para ahondar en la muestra: conferencias, ciclo de cine, etc. Pero sobre todo este tipo de exposiciones, nos acercan obras que en algunos casos o bien por lejanía o porque pertenecen a instituciones privadas o porque se guardan celosamente en los almacenes de los museos, nos están vetadas. Y lo más importante contextualizan obras que están diseminadas en la exposición permanente. No es lo mismo ver "el jardín de las delicias" en la sala que el Museo tiene dedicada a el Bosco, que verla en el contexto de la producción del pintor, donde también podemos ver el dibujo preparatorio del hombre-árbol, una de las invenciones iconográficas de mayor éxito de nuestro artista. Un dibujo excepcional que nos muestra que no solo manejaba los pinceles sino también la pluma y la tinta y el cual merece varios minutos de nuestra atención. 


Fragmento del "Tríptico del Jardín de las delicias"

Empezaba diciendo que es una magnífica exposición y acabo diciendo lo mismo y lo amplio a la organización. Quien no haya ido le recomiendo que, ahora que la han ampliado, aprovechen la oportunidad, se acerquen y disfruten de ella y si pueden también, de todas las actividades que se han organizado. 

Pero recordad, el Bosco no es un precursor del Surrealismo, es un hombre que manejó los códigos de su época mezclándolos con una gran imaginación. Freud no le podría haber estudiado, debido a que no solamente los personajes surgieron de su mente, sino también de un momento en el que las alegorías y la creencia en tierras pobladas por personajes con un solo pie llamados monópodos o esciápodos, estaban aún vigentes desde la Antigüedad. 



El Surrealismo y siguiendo las palabras de mi acompañante a la exposición, es un movimiento que resalta el mundo onírico del cual nacen seres extraños pero relacionados con nuestro inconsciente. Pero el Bosco es un artista de su época que nos muestra la visión que tenían de lo que era el infierno y su sistema de valores. 

Muy recomendable, si no se quieren esperar colas y arriesgarse a quedarse sin entrada, es la compra anticipada a través de internet seleccionando entrada con pase horario. Si se hace así, lo único que tenemos que tener en cuenta, es presentarnos a la hora establecida con nuestra entrada en el Edificio de los Jerónimos y acceder tras un control a disfrutar de El Bosco. La exposición del V Centenario. Y por supuesto y por fortuna PROHIBIDO HACER FOTOS.



El Bosco. La Exposición del V Centenario.
Museo del Prado (Edificio de los Jerónimos)
Hasta el 25 de septiembre. 







martes, 23 de agosto de 2016

El Bosco, 500 años de fascinación simbólica


Hieronymus van Aeken "El Bosco"
(1450-1516)

Tentaciones, extracciones, pecados, juicios e infiernos o jardines deliciosos forman parte de la temática de las escasas obras que el Bosco nos legó. La Alquimia, tan presente en Europa hasta el S. XVII y de la que Felipe II fue un gran practicante, guiará su creatividad y también el deslumbramiento absoluto que el rey "prudente" tuvo por este pintor holandés que visitará Europa en dos ocasiones. Entre los muchos objetos y símbolos que caracterizaron la práctica de la Alquimia, se encuentran el alambique y el huevo que desde la Antigüedad era símbolo del Universo y que aparecen en alguna de las obras de nuestro artista.

Su mensaje está encriptado en extraños y fantásticos personajes que se devoran entre sí, que se transforman en seres imaginarios, así como en símbolos, cuyo significado hoy se nos escapa, pero que en aquella época todos entendían. A pesar de ese fallido adjetivo de "oscura" o "negra" con la que califican algunos a la Edad Media, en ningún momento de la historia ha habido mayor riqueza y libertad simbólica e iconográfica. Recordemos los canecillos que pueblan nuestras iglesias románicas plagados de motivos eróticos y sexuales que hoy nos siguen fascinando. La obra de el Bosco pivota además en otros pilares: la profunda religiosidad de la época y de nuestro artista mostrando lecciones moralizantes y la crítica hacia la sociedad en la que vivió, en la cual los excesos y la corrupción quedará recogida a través de herméticas claves. Y precisamente esto último aparece en el Tríptico del carro de heno. A través de ángeles caídos expulsados del Paraíso y que por su desobediencia a Dios adquieren formas monstruosas y rocambolescas o la representación del lugar en el que pasaremos la eternidad si sucumbimos al pecado, nos insinúa que nos apartemos del apego a lo material que es símbolo del demonio. El Bosco ha elegido el mensaje contrario al que se propugnaba en aquella época: el de hacer el bien, un mensaje en sintonía con el que desprende las Sagradas Escrituras y el leitmotiv de cualquier buen cristiano. Sin embargo nuestro artista, mucho más terrenal, nos insta a que nos alejemos del mal. Este tríptico recoge un proverbio flamenco: El mundo es como un carro de heno, y cada uno coge lo que puede, e ilustra diferentes versículos de las Escrituras. Lo cual nos muestra además la plasmación de elementos que estaban al alcance de todos.
Tríptico del carro de heno (1512-1515)
En la Mesa de los pecados capitales y en el Tríptico del Jardín de las Delicias, vuelve a aparecer un lugar siniestro donde a lo lejos vemos las llamas que anuncian el desastre, es el infierno, el lugar al que irán los pecadores representado como un lugar sombrío, de tonos rojizos, lleno de movimiento, de huidas, de miserias y de ataques que contrastan con el resto de paneles de cualquiera de éstas obras dominadas por un cielo azul que despliega la luz y colores más fríos pero a la vez tranquilizadores que trasmiten composiciones más armónicas. 

Tríptico del Jardín de las Delicias (1490-1500)

El Bosco es secuencial en algunas de sus obras como en los trípticos del carro de heno y del jardín de las delicias, ya que nos muestra a modo de sucesión las consecuencias de nuestras actitudes inclinadas al pecado, mostrando no solo la consecuencia sino también los actos de los cuales debemos huir: la música profana a través de partituras e instrumentos musicales, que da nombre el Infierno musical que aparece en el Jardín de las Delicias, el deleite carnal, la gula, etc.. en definitiva, los pecados capitales a los cuáles dedica una de sus obras la Mesa de los Pecados Capitales. 

Mesa de los Pecados Capitales (1505-1510)
Vivió el paso de la Edad Media de donde tomará la mayor parte de su iconografía a la Edad Moderna, un cambio finisecular azotado por grandes revoluciones en la mentalidad, en la sociedad, en la cultura y en la religión y que hicieron de la suya una obra muy particular. 

¿Un loco, un visionario, un alquimista o un hereje, quién fue Hieronymus van Aeken? Un pintor de su época con una particular visión e imaginación, que dio una vuelta más a lo que era entender la pintura y su significado último. Un hombre atemorizado por el pecado, inmerso en una religiosidad que lo invadía todo convertida en el tamiz por el que la vida pasaba. Un inventor de escenarios repletos de seres imaginarios por las características de los cuales les dotaba. Y un genio, que hace que hoy 500 años después de su muerte, aún despierte curiosidad no solo por su obra sino también por su vida. 

Cada obra es hija de su tiempo y hay que mirarlas con la mentalidad de la época en que cada uno de los artistas que las crearon vivieron. Alejándonos de prejuicios, sin anteponer nuestra forma de vida y pensamiento a un mundo en el que a nosotros nos considerarían locos y en el que quizá, el propio Bosco o quizá un cirujano estafador, con un embudo en la cabeza símbolo del engaño, nos extrajese la piedra que nos lleva a la locura. Pero fijémonos bien ¿piedra o pequeño tulipán? ... Una obra es mucho más de lo que se ve a primera vista, en ella influyen el contexto y el bagaje cultural e intelectual del artista. Por eso debemos captar los detalles y ponerlos en relación con los símbolos y la iconografía de la totalidad de la obra, como sucede con las pinturas de este gran pintor. 

La extracción de la piedra de la locura (1501-1505)

Su apodo o sobrenombre, proviene de su ciudad natal: Hertongenbosch, algo habitual en la época. Pero como recoge Joaquín Yarza Luarces, no será hasta 1503-4 cuando comience a firmar sus obras como "Bosch", un sobrenombre que no le dieron en su ciudad, sino que fue motivado por su creciente fama en el resto del país.

Cuando Felipe II ve cercana su muerte, pide que le lleven a El Escorial y reúnan todas las obras que allí se encontraban del pintor holandés, para que fueran dispuestas frente a su lecho. Lo último que verían sus ojos antes de cerrarse serían unas obras repletas de llamas, infiernos, personajes sobrenaturales, castigos y el recuerdo de que lo que hacemos en la tierra se paga en el infierno. Pero ¿que empujó a un rey, como Felipe II, atormentado por una religiosidad exacerbada a contemplar durante 50 días de agonía, unas obras que no hacían más que incidir negativamente en el alma, ya de por sí maltrecha del monarca? Quizá lo mismo que hoy, 500 años después de su muerte, nos empuja a hacer largas colas en el Museo del Prado, para admirar sus obras y seguir indagando en sus significados y en la figura de este gran pintor.

viernes, 29 de julio de 2016

Cuenca y su particular camino hacia la Libertad



Libertad del latín Libertas-atis, es quizá, una de las palabras más bonitas y ansiadas de la humanidad durante todos los tiempos. Entre las muchas acepciones que recoge la R.A.E me quedo con la que la establece que "en los estados democráticos es el valor superior que asegura la libre determinación de las personas". Ya Plinio se preguntaba si había algo más precioso que la libertad. En Roma tenía un valor sumo, escribiéndose siempre en mayúsculas.

A lo largo de la historia el tipo de libertad ha ido cambiando. En un principio se aplicaba solo al cuerpo, una libertad física; pero a ella se uniría la libertad de pensamiento, recogida en la Declaración universal de los Derechos Humanos. Y la unión de ambas es la que guía la exposición "La poética de la Libertad", que acoge la Catedral de Cuenca; enmarcada dentro de los actos que conmemoran los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes. Ya nuestro literato en "Don Quijote de La Mancha" (Capt. VIII), la definía como uno de los mayores dones por la que incluso se podría arriesgar la vida, comparándola con la honra, que era el valor más preciado durante todo el Siglo de Oro. Y es que, Miguel de Cervantes, hizo girar su obra sobre la tan ansiada libertad de la que él careció durante 5 largos años de cautiverio en Argel. Este hecho, le influiría notablemente, no sólo en la percepción de la vida, también en la de su pensamiento y literatura. Y es el motivo que guía el primer apartado de la exposición: Cervantes y la Libertad, en el cual no sólo se ocupa del cautiverio del escritor sino del concepto de libertad independiente del tiempo.



La muestra se divide en 3 apartados que se suceden a lo largo del edificio gótico. El Claustro es ocupado por la obra del activista chino Ai Wei Wei, encarcelado en 2011 durante 81 días, acusado de evasión de impuestos. Su experiencia fatídica, como es habitual en la obra de Ai, la plasmó en una instalación: S.A.C.R.E.D. Cada una de las letras que forman la sigla alude a un momento de ese encarcelamiento que pasaría acompañado de dos guardias. Reproduce así a través de 6 dioramas hiperrrealistas, los siguientes momentos: Supper (cena), Accusers (acusadores), Cleansing (limpieza), Ritual (ritual), Entropy (entropía), Doubt (duda). Este último el de la duda o la pérdida de la dignidad a la que se vio expuesto, es el que más le marcará. Cada una de las 6 cajas de hierro, tiene una pequeña abertura por la cual el espectador deberá asomarse para ver lo que sucede en su interior. Reproduciendo así, las pequeñas oquedades con las que cuentan las puertas de las celdas.


Pero no sólo China privó y priva a sus ciudadanos de un cautiverio intelectual y de expresión; también en nuestro país fue sufrido por artistas como Rafael Canogar, Luis Feito, Martín Chirino-fundadores de El Paso en 1957- o Francisco Farreras, que intentaron a través de sus obras liberar su mente. A través de ellas buscan la poética de la tan ansiada libertad en un momento tan complicado como fue la postguerra española. En ese período, España, no fue permeable a las Vanguardias que se iban desarrollando en otros lugares. El arte que prefería "el Generalísimo" nada tenía que ver con aquello que pudiese oler a avance o libertad. Pero gracias a la Sociedad de Artistas Ibéricos (1925-1936), el hilo de las vanguardias no desapareció del todo, pudiéndose recuperar tímidamente tras la Guerra Civil. Una vez terminadas las vanguardias históricas y a través de sus obras, los artistas informalistas, inician un proceso de evasión de la mente que les llevase a la tan ansiada libertad. El camino de la abstracción se consolida en Cuenca gracias a la iniciativa de Fernando Zóbel y Gustavo Torner, eligen como lugar singular las casas Colgadas, un edificio medieval, que desde 1966 albergará la obra de la generación abstracta de los años 50. Y así la Alta Expresión, que es como se titula este último apartado da unidad y coherencia al entorno y a la obras presentes en los otras secciones.
Martín Chirino
Medievalismo y abstracción vuelven a reunirse en la Catedral de Santa María, la primera de estilo gótico que se levanta en Castilla junto con la de Ávila. La utilización de espacios tan sacralizados, no sólo por la función que poseen, sino también por la pasión que el gótico ha levantado, puede parecer desconcertante, pero no es así. Los estilos, el arte, los lenguajes diferentes de distinto signo llegan a atraerse debido a la contraposición que visualmente nos pueden generar. Pero pensemos que tanto la catedral gótica, como la obra de Ai Wei Wei o la de los informalistas, buscan la poética que se desprende de haber salido de hombres que buscaban nuevos caminos, expresar, atraer, evolucionar y dar significado a la historia, a su propia historia.

La exposición utiliza como imagen de marca, además de los nombres de los protagonistas, una alambrada, signo universal de la ausencia de autonomía.

Y así, a través de estos tres referentes, unos más cercanos y otros más lejanos en el tiempo y en el espacio, se va forjando el camino hacia la libertad que en ocasiones será utopía y en otras realidad.

La libertad siempre inspira y motiva, pero más en estos momentos.



Información práctica:
Catedral de Santa María y San Julián (Cuenca)
De lunes a domingo de 10:00 a 21:00 h.
Hasta el 6 de noviembre.

http://poeticadelalibertad.com/la-exposicion/

"El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas" (Marcel Duchamp)